El Vieco cortaziano. LXXIII

Johnny estaba en gran forma en esos días, y yo había ido al ensayo nada más que para escucharlo a él y también a Miles Davis.Todos tenían ganas de tocar, estaban contentos, andaban bien vestidos […] tocaba con gusto, sin ninguna impaciencia, y el técnico de sonido hacía señales de contento detrás de su ventanilla como un babuino satisfecho.Y justamente en ese momento, cuando Johnny estaba como perdido en su alegría, de golpe dejó de tocar y soltándole un puñetazo a no sé quién, dijo :

-¡Esto lo estoy tocando mañana!.Y los muchachos se quedaron cortados … apenas dos o tres siguieron unos compases, como un tren que tarda en frenar,y Johnny se golpeaba la frente y repetía :

-Esto yo lo toque mañana … ¡ es horrible Miles, esto ya lo toqué mañana !!.Y no lo podían hacer salir de eso y a partir de entonces todo anduvo mal. […]

-Bruno … yo creo que la música ayuda siempre a comprender un poco este asunto. Bueno, no a comprender, porque la verdad es que no comprendo nada. Lo único que hago es darme cuenta de que hay algo.Como esos sueños … ¿no es cierto ?, en que empiezas a sospecharte que todo se va a echar a perder, y tienes un poco de miedo por adelantado; pero al mismo tiempo no estás nada seguro, y a lo mejor todo se da vuelta como un panqueque y de repente estas acostado con una chica preciosa y todo es divinamente perfecto.

“El perseguidor”

Julio Cortázar

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