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Es una vieja historia, ciertamente inquietante, esta del analfabetismo rampante, que suscita todo tipo de reflexiones:
1. Leer no sólo requiere una técnica que se puede aprender, sino también una práctica, que quizá lleve a desarrollar una sensibilidad. Sin sensibilidad no hay “gusto por la lectura”.
2. Tiene la gran ventaja de que la destreza de leer no se olvida fácilmente.
3. Es aconsejable (eso a veces tan difícil ) cierta soledad y silencio, a fin de conseguir la concentración necesaria.
4. Es recomendable un momento diario, o al menos semanal,
como el que se dedicaría al ejercicio físico, a la meditación, o a cualquier otra cosa para la que sacamos tiempo. ¿Sin eso cabe hablar de hábito de lectura?
5. La capacidad para leer me parece que incluso aumenta con el tiempo, ya que vemos el texto a la luz de nuestra experiencia y conocimientos, que suelen haberse incrementado precisamente con el paso del tiempo.
Es una vieja historia, esto del analfabetismo (probablemente cierto y deliberado por parte de quienes rigen nuestros destinos), y a pesar del “espíritu del tiempo”, sigue habiendo, de momento, lectores en el mundo, lo que no deja de ser un misterio insondable.