Lectura. “Otra vida por vivir”. Theodor Kallifatides

El escritor griego Theodor Kallifatides, retratado en mayo de 2018. FLORENCE MONTMARE

Como si fuera el último libro

A sus 81 años, Theodor Kallifatides ha recuperado en la Grecia devastada por la crisis la necesidad de la escritura

Origen: Como si fuera el último libro | Cultura | EL PAÍS


Textos

La emigración no me había hecho escritor. Yo no era el resultado de determinadas circunstancias sino de la confrontación con ciertas circunstancias, como, por otro lado, lo somos todos. Estaba convencido de que también en Grecia habría escrito, tal vez con otra respuesta o quizá sin respuesta ninguna, pero habría escrito por la sencilla razón de que no tenía otra forma de existir a los ojos de los demás, ni a los míos.


Nos gusta presumir de que nuestros sentimientos son auténticos. Con frecuencia lo son. Pero con la misma frecuencia son una puesta en escena de un gran director: el arte que nos rodea, los libros que hemos leído, los cuentos que nos contaban cuando éramos niños. La mitología sobre el primer amor, el primer beso o el primer gol permean a nuestros sueños y a nuestras esperanzas y finalmente dan forma a nuestras reacciones.


¿Por qué pesaba tanto en mi vida la escritura? ¿Qué me daba? ¿Qué reemplazaba? Diría que era semejante a lo que me pasaba durante las guardias en el servicio militar. Yo asumía una responsabilidad y tenía cierto poder. Y lo hacía sin preguntar a nadie y sin que nadie pudiera impedírmelo. Quizá esa fuera, finalmente, la importancia de la escritura. La responsabilidad por mi mundo.


La pobreza no sólo se veía. Se olía. El centro de Atenas despedía un olor nauseabundo, mezclado con perfumes caros. «Hedor a humanidad», habría dicho Kostakis si viviera. Mendigos por todos lados. Algunos lisiados mostraban sus muñones. Mujeres sentadas en las aceras con sus bebés en brazos. Muchachos jóvenes arrodillados como si estuvieran rezando. Y nosotros pasábamos frente a ellos, unos avergonzados y otros con una indiferencia impuesta. «El dracma es la moneda más antigua del mundo», informaba un cartel afuera del Banco de Grecia. Sólo que el dracma ya no existía. Justo al lado, los arqueólogos habían excavado partes de la antigua Via Sacra. Esas repentinas sincronías suelen producirme vértigo. Atenas es la única ciudad en el mundo que me produce vértigo, y en aquellos días también un sentimiento de tristeza profunda. La pobreza, la indigencia, los vagabundos, las víctimas de nuestro tiempo flotan en el aire como una nube densa y oscura sobre la ciudad. No sólo encima de casas y edificios, calles y callejones, sino sobre lo pasado. Y eso significa vértigo. Que el cerebro se parta en dos como una sandía, mientras el corazón se encoge como un caracol.


… me decía a mí mismo: «¿Y qué si mueres esta noche? Hace ya decenas de años que ves esas luces y esos árboles, aun muerto los recordarás. Nuestra vida no es un sueño, sino una sombra fugaz entre el tiempo y la luz. La muerte no te privará de nada, has probado ya todos los placeres. Has visto a tu mujer parir a tus hijos. A tu hijo convertirse en un hombre y a tu hija en una mujer. Has visto al cerezo de tu jardín crecer, a las olas del mar pulir los cantos, a las serpientes enredarse una al lado de la otra. ¿Qué más puede ofrecerte ya este mundo? Bebe tu vino, date la bendición y cierra los ojos. Y si mueres esta noche, nada cambiará ni nada perderás».


Grecia atravesaba por momentos críticos, como tantas veces en el pasado. La ocupación alemana, la guerra civil, la dictadura, la emigración masiva. Estas experiencias habían moldeado a mi generación. Quien más quien menos, todos teníamos muertos que llorar, injusticias que nos amargaban, sueños olvidados que se habían quedado empantanados en nuestras almas. Pero nada podía compararse con el empobrecimiento moral de los últimos años. Grecia era ninguneada cotidianamente. Antes sufríamos, pero la razón estaba de nuestro lado y la gente nos tenía simpatía. Ahora veía en periódicos extranjeros caricaturas y dibujos del mismo tipo de los que había publicado Goebbels en tiempos de la Ocupación. Mi alma sangraba. Me acordaba de mi padre.

Theodor Kallifatides. Otra vida por vivir

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Una respuesta a Lectura. “Otra vida por vivir”. Theodor Kallifatides

  1. Melitón B. dijo:

    El personaje de Rick en “Casablanca” bien pudo haber dicho “siempre nos quedará Atenas”. A nosotros siempre nos quedará, entre otras cosas, la Literatura.

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