Quien haya conocido alguna vez el estado de profunda abstracción propia de los trabajos de la imaginación, sabrá de lo que hablo: del momento en que, tras un largo periodo de concentración, salimos a la superficie y durante algún tiempo nos hallamos en una especie de «no-man’s land». Ya nos han abandonado los amigables y ardientes rayos de la imaginación, pero aún no hacemos pie en la tierra firme del sentido común cotidiano. Por un instante, estamos suspendidos entre dos esferas que probablemente se tocan en algún lugar, desde luego, pero no sabemos dónde (ni en nosotros ni para nosotros). Es éste un momento peligroso; quien empiece entonces a preparar el almuerzo o la cena debería tener mucho cuidado de no provocar un incendio o incluso un terremoto.

Adam Zagajewski