Pero los libros
Pero los libros seguirán en los estantes, seres auténticos
Que aparecieron una vez, frescos, todavía húmedos,
Como castañas brillantes bajo el cielo en otoño,
Y empezaron a vivir, tocados, acariciados,
A pesar del resplandor en el horizonte, de castillos saltando por los aires,
De las tribus en marcha, de los planetas en movimiento.
Somos, dijeron, incluso cuando les arrancaban las hojas
O cuando la llama ardiente lamía las letras.
Muchos más duraderos que nosotros, cuyo calor frágil
Se enfría junto a la memoria, se disipa, desaparece.
Me imagino la tierra cuando ya no esté
Y no pasará nada, ninguna pérdida, seguirá el mismo espectáculo,
Los vestidos de las mujeres, un jardín húmedo, una canción en el valle.
Pero los libros seguirán en los estantes, de buena estirpe,
Nacidos de la gente, aunque también de la luz, de las alturas.
Czeslaw Milosz