El Vieco cortaziano XXXIII

La prosa, al principio, me presentaba dificultades. Quise empezar una novela y me tranqué; no podía avanzar. Escribir en prosa me resultaba, ¿cómo decirle?: grosero; no encontraba el balanceo del verso. Yo tenía que escribir -con toda la ingenuidad que pudiera tener aquella novela-: “el carruaje se detuvo a la puerta del castillo, coma, y fulanita de tal, descendió. punto”. Y eso era duro, no tenía el ritmo del verso.

Cortázar

Julio Cortázar

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