Lecturas: «Hermano de hielo», de Alicia Kopf

Alicia Kopf, nombre artístico de Imma Ávalos (Girona, 1982), dedica «Hermano de hielo» a su hermano diagnosticado con trastorno del espectro autista, un perfil que se traduce en una distancia comunicativa con el mundo, pero también con el ejercicio de una voluntad propia.

Con esa figura tutelar al fondo, el libro es crónica, ensayo, memoria o diario sin dejar nunca de someterse a una conceptualización intensa y a una lógica en última instancia narrativa. Kopf no escribe exactamente un libro sobre su hermano, sino que explora obsesivamente las metáforas que la conquista polar le sugiere para construir una “épica de uno mismo y de su idea”. Los materiales se acumulan: recuerdos propios o su reelaboración, biografías de aventureros, lecturas y experiencias artísticas, etc. La versión catalana ha tenido una acogida espectacular, y ahora Alpha Decay publica una traducción castellana de la misma autora que incorpora pequeñas modificaciones, añadidos, podas, y un breve pasaje completo que no estaba en el volumen original: “La continuidad de las piscinas” (notable).

«Hermano de hielo» utiliza la biografía como material de trabajo, pero lo más característico del libro es su voluntad de hacer explícito el concepto que lo anima, la naturaleza del “proyecto” y del “método” en que se basa, una terminología que lo acerca a lo artístico de la misma manera que las depuradas ilustraciones de la autora. Como un exoesqueleto recubriendo las zonas más supurantes del texto, abundan las variaciones ensayísticas en torno a la voz narrativa, la dirección de la mirada creativa (¿hacia el horizonte, o hacia el imperio interior? La adversativa es engañosa) y la utilidad de la escritura para “dar sentido” a lo que ocurre en una vida inestable, en fricción con el mundo. Detalle significativo: las expediciones polares, nos explica la narradora, vinieron junto a la introducción del registro documental en forma de fotografía, filmación o diario escrito (con precontrato editorial).

alicia-kopf-hermano-de-hieloLa versión castellana refuerza esa impresión no digo teórica, pero sí sistemática, mediante la multiplicación de notas a pie de página que explican conceptos o expenden referencias. E insisto: lo que pueda haber de “teórico” o “poético” siempre responde a una estrategia profundamente narrativa, que la propia Kopf identifica sin ambigüedad como “ficciones”. Y ya que he usado el término de “utilidad”, subrayemos que «Hermano de hielo» es la crónica de una conquista de lo inútil, de ahí las referencias que desliza al Fitzcarraldo de Werner Herzog (el poeta Ben Clark, generacionalmente afín, ha construido su poemario «Los últimos perros de Shackleton» sirviéndose de una imaginería similar a la de Kopf, y también cita a Herzog en un poema que habla de tener miedo “sólo al miedo a lo difícil”).

Memoria y vocación, distancia abismal ante los otros, frío conteniendo un paisaje tropical, familia como secreto y Leviatán… «Hermano de hielo» habla de todo ello sirviéndose de una estructura dúctil. La primera sección, “Los héroes congelados”, es de lo mejor que se habrá publicado este año; las dos siguientes son muy buenas.

El libro está destinado a ser importante para algunos lectores (para este que lo reseña, por ejemplo), en primer lugar porque se plantea preguntas oportunas: ¿qué tipo de continuidad pueden establecer los hijos de la clase media mediterránea del XXI con el modelo proustiano de artista? ¿Cómo se escribe en esta parte del mundo, cuando las condiciones materiales son un cepo permanente? ¿Para quién se escribe? Pero sobre todo, el libro despertará esas complicidades eléctricas porque, en su viaje introspectivo y abismal, no se permite nada que no sea aventura, esto es, nada que no sea incómodo y verdad. La lectura de «Hermano de hielo» es un mandato cristalizado en este aforismo de Cristóbal Serra: “Métete en hielo y sal candente”.

Nadal Suau. El Cultural


 

Textos

Al contrario de lo que sostienen los tópicos sobre el autismo, mi hermano no se da cabezazos contra la pared ni evita el contacto físico. Simplemente es pasivo; si tiene hambre no irá a la nevera y si tiene sueño no irá a la cama. Si no le dijéramos lo que tiene que hacer, se quedaría quieto indefinidamente. […] Cuando come ensalada, M deja los huesos de las olivas alineados al lado del plato. Cuando la comida concluye tenemos: plato y vaso alineados, cubiertos en paralelo a la derecha, separados por la misma distancia que los separa del plato, huesos de aceituna en fila formando una línea horizontal perpendicular al vaso y a los cubiertos.

Constructivismo puro.

La continuidad de las piscinas

Secretamente, siempre he pensado que todas las piscinas del mundo se comunican. En función del hemisferio en que éstas se encuentran, filtran sus aguas por vetas subterráneas hacia en continente Ártico o el Antártico. El deshielo de las placas las une de nuevo y las aboca al mar, concentrándose en las placas desalinizadoras hasta volver finalmente a sus estanques, sus albercas y sus piscinas municipales. Esa misma agua se filtra diariamente en nosotros hasta componer un 70% de nuestro cuerpo. Introducida y expulsada instintivamente a razón de unos dos litros por día, nos abandona a través de la orina, las lágrimas, los excrementos, la saliva, el sudor o el vapor que se exhala a través de la boca y la piel. Cada una de las 86 billones de células cerebrales están compuesta mayoritariamente por materia líquida, sin la cual perderíamos progresivamente la consciencia. Podríamos decir, así, que nuestra consciencia está compuesta por un 70% de agua; océanos, lagos, ríos, piscinas tienen su continuidad en nosotros y se filtran hasta lo más profundo del pensamiento. El 30% del residuo seco permanente es, sin embargo, renovado completamente cada siete años. Casi nada queda de ti salvo la continuidad de tu historia, aquello que logres retener pese al expolio continuado de la propia fisicidad, una frontera extremadamente frágil, permeable, atravesada cada día por ríos, cascadas, continente, multitudes.

El rompehielos

Me atasco a menudo en este proyecto. A mi alrededor, nada: blanco. Debajo sí hay muchas cosas. Silbidos de focas. ¿Era de los polos de lo que quería hablar? ¿O es sólo la imagen de la nieve lo que me fascina? Inestabilidad, desorientación, frío (hace calor), determinación. Sensaciones que acompañan a los exploradores polares y también a aquellos que trabajamos con el blanco. Porque no me interesan los exploradores polares por sí mismos, sino la idea de búsqueda en un espacio inestable. Me gustaría hablar de todo esto como metáfora, porque lo que deseo hallar es una épica, una épica nueva, sin contrincantes ni enemigos, una épica de uno mismo y su idea. Como la de los artistas y los escritores.

Algunos alpinistas han coronado sus grandes cimas después de una fuerte crisis personal, cuando se encontraban en un callejón sin salida. Pienso en mi madre, en tantas personas que cuidan padres e hijos dependientes, o en cualquiera que resiste en una situación irresoluble, como la enfermedad del cuerpo. Eso también es épico, es lucha. Pero aún no hay buenas imágenes ni buenas metáforas para ello.

Yo las busco.

alicia-kopf  Alicia Kopf. Hermano de hielo

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