Sánchez Ferlosio: Pecios IX

(Los obsolescentes) Lo nuevo nos amenaza con su brillo, como el quirófano en el que se disponen a abrirnos las entrañas; lo antiguo nos lo barnizan como el féretro en el que querrían tenernos ya encerrados, para poder sepultarnos de una vez, porque quizá ya estemos atufando a muerto; lo viejo, en fin, rápidamente, a los primeros indicios de desgaste, es arrojado sin más a la basura. En la basura está lo único que queda de todo lo que nos es maternal.

(Occidente) Fotografías de hambrientos y de muertos utilizadas como propaganda para solicitar nuestro socorro: ¿vender los sufrimientos de las víctimas en su propio beneficio?

(Premio Pulitzer o El deber de informar) Siempre hay un hijo de la gran puta capaz de esperar horas al suicida indeciso en la cornisa del rascacielos para poder fotografiarlo en el aire un instante antes de estrellarse contra el suelo.

(Virilidad) El que, ante un niño que bajo la sonriente complacencia de unos padres incapaces de imaginar que pueda molestar a nadie correr por entre las mesas del local, dice  «Lo que ese niño necesita es un par de hostias bien dadas» está expresando lo que él necesitaría: poder dárselas. Pertenece a la misma ralea viril que el que, ante una chica nerviosa o estridente, dice «Lo que esa necesita es un buen polvo», porque le humilla reconocer  la vibración que enciende su deseo y tiene que camuflarla en expresión de afrenta y de desprecio. Estos que saben remediar al prójimo con hostias y con polvos son los «maquereaux» de «le bâton et la carotte», que no aguantan a los demás como sujetos, sino sólo como objetos de sometimiento y de control.

Sánchez Ferlosio. Campo de retamas  Rafael Sánchez Ferlosio. Campo de retamas

 

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