Tengo la impresión de que eso fue una revelación. Un día por las calles, antes de empezar a escribir en el periódico, el mundo me parecía memorable. Iba por la plaza Bib Rambla en Granada, era verano y tenía un trabajo por primera vez. Acababa de cobrar mi primer sueldo y no sé qué me pasó que me dije: esto es extraordinario, la gente, la minifalda (que empezaba a verse), el ruido de las fuentes… De pronto tuve la sensación de la ciudad como un mundo que iba transitando. Ese tránsito del que va mirando de un lado a otro, fijándose en todo; ahí encontré mi voz.
Antonio Muñoz Molina