El arte, desde niño era mi pasión. Desde que era pequeño, me metía en todo. Tocaba el violín, con cinco años hacía teatro, aunque el único espectador fuera mi padre. Empecé a escribir a los ocho. Me lo impuso mi madre: que hiciera un diario. Con la Revolución Cultural todo eso se me acabó. Pero recuerdo mi primera ficción, tenía 10 años y me regalaron un cuaderno con hojas blancas, sin líneas, y empecé a escribir la aventura de un niño que no quiere crecer, como Peter Pan, acompañada de dibujos. Me divirtió mucho.
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Kafka era único. Él precisamente conoció de manera profunda el absurdo en la vida. Era ultrasensible. Encontró esa vacuidad en la vida moderna antes que los demás. Y lo muestra en sus obras. Precisamente ahí tiene un caso, es la literatura quien nos revela, quien nos alerta, quien nos hace conscientes. Ése es su papel. Esas revelaciones, además, se traducen, corren, se convierten en verdades universales.
Gao Xingjian