En sus caminatas y sus divagaciones por Dublín Leopold Bloom lleva una patata en el bolsillo del abrigo, y la manosea como un talismán secreto. Yo creo que hay que llevar siempre, en vez de una patata, un libro, un libro breve o poco voluminoso que quepa en un bolsillo grande, un libro para leer en el metro o en el autobús o en la sala de espera o en ese rato que nos queda de sobra a los neuróticos que llegamos muy anticipadamente a una estación o a una cita, retales gustosos de tiempo en los que el libro nos regala su cercanía y su tacto. […]
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