Cesare Pavese: La gloria y el suicidio

Para la gloria, se ha dicho, no es indispensable que un escritor se muestre sentimental, pero es indispensable que su obra, o alguna circunstancia biográfica, estimulen el patetismo. Este epigrama sirve, sin duda, para explicar la presencia de Cesare Pavese en la literatura contemporánea. Ninguno de sus libros ha favorecido más su ambigua gloria que los acontecimientos de aquel 25 de agosto de 1950 en que un hombre de rostro distante y de lentes alquila una pieza anónima en un anónimo hotel de Turín (el Albergo Roma, en la Piazza Carlo Felice). Pide un cuarto con teléfono –narra su biógrafo Davide Lajolo en Il vizio assurdo– y lo instalan en el tercer piso. Pavese se encierra en su cuarto. Durante el día hace varias llamadas telefónicas. Habla con tres, cuatro mujeres. Las invita a salir, a cenar. Todas se niegan. Por último llama a una muchacha que ha conocido unos días antes, una bailarina de cabaret. De este diálogo de un escritor de cuarenta y dos años, recién consagrado con la máxima distinción de la literatura italiana (el Premio Strega), y una mujer que se gana la vida divirtiendo a los hombres se sabe poco: es el último diálogo que Pavese mantiene en su vida y la telefonista del hotel recuerda el final: «No quiero salir con vos, porque sos un viejo y me aburrís», dice la bailarina. Pavese desconecta el teléfono. No baja a cenar. Al día siguiente (el domingo 27 de agosto), al anochecer, un camarero, preocupado por ese cliente que no se ha dejado ver en todo el día, llama a la puerta. Como nadie responde decide forzar la entrada. Pavese está tendido en la cama, muerto, vestido pulcramente, sólo se ha quitado los zapatos. Sobre la mesa de luz hay varios tubos de somníferos, vacíos, y un ejemplar de su libro más entrañable: “Diálogos con Leucó”. Con su letra de araña Pavese ha escrito en la primera página su última frase: «Los perdono a todos y a todos les pido perdón. ¿Está bien? No se hagan demasiado problema.»

Ricardo Piglia. Los diarios de Emilio Renzi. Años de formaciónRicardo Piglia. Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación

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