«Cien años de soledad» ha sido la salvación: gracias a sus ventas espectaculares, tengo por delante unos años de paz doméstica que pienso dedicar minuto tras minuto a escribir. Ahora estoy metido en un cuento que puede ser muy largo y muy divertido, y que llevará el pretencioso título de “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada”. Es, más que nada, un recurso para calentar motores antes de zambullirme, quién sabe durante cuánto tiempo, en “El otoño del patriarca”. Después no sé qué haré.
Fragmento de una carta de García Márquez a Pedro Lastra
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