Frecuentemente y con tan concentrados votos pienso en usted, querido señor Kappus, que ello en cierto modo debería serle de algún auxilio. […]
Acaso no sea provechoso que ahora considere detalladamente sus palabras; pues lo que podría decirle sobre su tendencia a la duda, o sobre su incapacidad para poner al unísono la vida exterior con la interior, o sobre todo lo demás que le oprime…, es siempre lo que ya he dicho: siempre el voto por que usted pueda encontrar en sí bastante paciencia para sufrir y bastante simplicidad para creer; por que usted logre más y más intimidad con lo que es difícil y con su soledad en medio de los otros. En cuanto a lo demás, deje que la vida le acontezca. Créame: la vida tiene razón en todos los casos.
Y respecto a los sentimientos: son puros todos los sentimientos que lo concentran y lo elevan; es impuro el sentimiento que solamente comprende «un» lado de su ser y que, por tanto, lo deforma; todo lo que frente a su niñez pueda pensar, es bueno; todo lo que haga de usted «más» de lo que hasta aquí fue en sus mejores horas, está bien. Cada ascensión es buena cuando está bien en «toda su sangre», cuando no es ebriedad ni turbación, sino alegría donde se trasparente el fondo. ¿Comprende lo que digo? […]
Rainer María Rilke, Cartas a un joven poeta
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