La literatura me ha servido, como lector, como osamenta absolutamente para vivir. Para sostenerme en ella, para apoyarme, para hacerme el mapa de la vida y del mundo. Y como escritor, además de eso, me ha servido también como cartografía de mi propio pensamiento, me ha servido de psicoanalista. Con ella me he curado algunos males… Bueno, no sé si puedo decir curar, pero sí me ha servido al menos para darle una patada hacia delante a muchos fantasmas que merodean por ahí.
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