No decir «yo» cuando se trata de uno mismo no es solamente perjudicial para la higiene personal des escritor; es también, por el hecho de no anunciar los vínculos que le unen a su personajes, una manera de traicionarlos, de abandonarlos, de cortarles sus auténticas raíces […]
Cobardía frente a lo social y a su censura. Sumisión a esta «tercera persona que nace en nosotros», como escribió el señor Deleuze.
«La literatura sólo empieza», escribe en el tono docto y perentorio de nuestros pequeños papas de universidad, «cuando nace en nuestro interior una tercera persona que nos desposee del poder de decir Yo».
Chorradas.
