El poeta -para qué vamos a negarlo- casi siempre es un farsante que trabaja por impulsos prestados de otros poetas y, sobre todo, por moda; y que dedica el tiempo posterior a su creación a buscar absurdos significados intelectuales a su obra para poder defenderla con ciertas garantías ante el lector amorfo de sus versos mientras infla el pecho y toma esa pose patética de frutero defendiendo ante sus clientes un lote de manzanas podridas.
Luis Felipe Comendador. De ‘La gata sobre el tejado’… inédito de lfc ©
