Austria a través de la mirada de Thomas Bernhard

(…) La realidad es que le escribo sólo, es decir, que sólo quiero comunicarle lo que hoy he soñado, porque le será útil, según creo. He soñado con Austria con tal intensidad porque he huido de ella, de Austria como el país más odioso y más ridículo del mundo. Todo lo que la gente ha encontrado siempre hermoso y admirable en ese país no era ya más que odioso y ridículo, siempre sólo repulsivo, y no encontraba un solo punto en esa Austria que fuera siquiera aceptable. Sentía mi país como un yermo perverso y una horrible abulia. Sólo ciudades terriblemente mutiladas, un paisaje únicamente espantoso, y en esas ciudades mutiladas y ese paisaje espantoso gentes viles y falsas e infames. No se podía saber qué era lo que había hecho esas ciudades tan mutiladas, ese país tan desolado, a esas gentes tan viles e infames. El paisaje era tan vil como la gente, tan mutilado, tan infame, tanto el uno como la otra espantosos de una forma totalmente mortal, tiene que saber. Si veía gente, sólo veía muecas viles donde habrían debido tener una cara, si abría el periódico, tenía que vomitar ante la abulia y la infamia que había allí impresas, todo lo que veía, lo que oía, todo lo que tenía que percibir me daba náuseas. Estaba condenado a ver y oír durante semanas esa Austria repulsiva, tiene que saber, hasta que finalmente, por desesperación ante ese oír y ver mortales, me quedé en los huesos; por repugnancia ante esa Austria no probaba ya bocado, no podía tomar un trago.

Thomas Bernhard: Ardía. Relato de viaje para un amigo de otro tiempo. Trad. Miguel Sáenz (A través de Patricia Damiano)

 Thomas Bernhard 2

Foto: Thomas Bernhard at home, Obernathal, 1981 by Barbara Klemm

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