Todo el mundo describe las debilidades humanas y el lado ridículo de los hombres transfiriéndolos a personalidades ficticias, algunas veces con éxito, según el talento del escritor, pero la mayor parte del tiempo de forma artificial. ¿Por qué? Porque nosotros conocemos las debilidades humanas a través de las propias y, para mostrarlas correctamente, hay que mostrar las de uno mismo (…) Pocos tienen la fuerza suficiente para hacer esto. Tratan de desfigurar todo lo posible la personalidad a la que transfieren las debilidades propias para no reconocerse a sí mismos.
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