El libro

Sylvain Tesson. La vida simpleTras curtirse en las más atrevidas expediciones, que lo han llevado a los confines del mundo (y hasta algunas de sus encrucijadas más peligrosas), Sylvain Tesson decidió hacer realidad un sueño de la niñez, también una promesa de obligado cumplimiento antes de cumplir los cuarenta: vivir como un ermitaño en una cabaña perdida en el bosque. El lugar elegido, uno que conoció en uno de sus peregrinajes y del que se quedó prendado: el lago Baikal, el más profundo del mundo, en la Siberia de las deportaciones masivas.    A –30° y a más de cien kilómetros de la población más cercana, el protagonista irá mutándose en el transcurso de la historia con una fuerza arrolladora, como una suerte de hombre de hielo que se derrite, dedicado al silencio de los gestos simples, el que nos enseña la belleza de las cosas. Soltando amarras y desanudando ataduras, escuchando el mundo para inventar la vida, su prosa límpida y afilada testimonia todo este proceso, con un desborde lírico final que parece trascender nuestro mundo actual, al fundirse precisamente con la naturaleza del entorno. Un diario de campaña metamorfoseado en diario de cabaña, en el que el protagonista fuerza su propia transformación en un bosque ruso y la registra con un estilo transparente. En esta franca prospección de contrarios (la inmovilidad y el viaje, el aislamiento y la comunión, la rutina y la sorpresa, el silencio y el lirismo), los valores del mundo desarrollado se invierten, y al mudar de piel, como todo superviviente, el protagonista parte a una segunda oportunidad. Sylvain Tesson conquista su lugar en el mundo a través de un exilio voluntario, y alcanza la riqueza desposeyéndose de casi todas sus pertenencias. ¿Puede lograr la plenitud un ser humano cuando ha de depender de motores si pretende viajar, o cuando las filas de edificios le hurtan la visión de los largos caminos que completa a diario? El autor se planta ante las promesas del progreso y de la civilización, y se desnuda en su cabaña siberiana hasta quedarse solo, dedicado a las labores más modestas y esenciales. No nos hallamos ante las iluminaciones de un ingenuo o un santo, sino ante grandes muestras de lucidez e implicación con el entorno: según Tesson, nuestras vidas tienen una deuda a la que debemos hacer frente irremisiblemente: la que trae el imparable correr del tiempo. El escritor asume esa deuda con valentía, por mucho que le duela y lo desgarre. Apartado de amigos y allegados, amagará con seguir la llamada de la selva, aunque la responsabilidad lo mueve al final a un regreso a la sociedad.

Contraportada de La vida simple, de Sylvain Tesson, Alfaguara

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