Escribir no es normal. Lo normal es leer y lo placentero es leer; incluso lo elegante es leer. Escribir es un ejercicio de masoquismo; leer a veces puede ser un ejercicio de sadismo, pero generalmente es una ocupación interesantísima.
Me conmueven los lectores a secas, los que aún se atreven a leer el “Diccionario filosófico de Voltaire”, que es una de las obras más amenas y modernas que conozco. Me conmueven los jóvenes de hierro que leen a Cortázar y a Parra, tal como los leí yo y como intento seguir leyéndolos. Me conmueven los jóvenes que se duermen con un libro debajo de la cabeza. Un libro es la mejor almohada que existe.
Roberto Bolaño

Leer es interesante, y es placentero; escribir es ascético, un ejercicio de disciplina y trabajo.., y sin embargo me gustaría escribir para poder quejarme de lo duro que es. Envidio al buen escritor que se queja del suplicio de escribir, no porque sea un suplicio, sino porque escribe. Los que somos solo lectores tenemos una espina clavada: sea lo que sea escribir algunos no somos capaces de hacerlo. Reconocer un límite, cuando te excluye de algo que estimas mucho, es duro, quizá tanto como escribir, para los que tienen ese envenenado don.