Manuel Vilas, Espido Freire y Sergio del Molino en la presentación de la colección de Alianza ‘Dos tardes con’. B.Moya / Anaya
La editorial Alianza publica una colección de entregas cortas que permiten al lector conocer de manera profunda los clásicos a través de los ojos de otros escritores.Más información: Los cuentos de Kafka, el corazón de su obra y la mejor puerta para entrar en su fascinante universo
La primera vez que la vi fue en la foto de un periódico. Aunque estaba sentada sobre lo que parecía una tapa de cemento en mitad de un jardín frondoso, se notaba que era alta. El pelo rubio, por debajo de los hombros, enmarcaba un rostro sofisticado, esa clase de belleza felina que da, a algunas personas, el aspecto de una pieza delicada un poco salvaje. Usaba el flequillo insolente que solían usar muchachas de otra época. Le calzaba ese sustantivo: muchacha. Aparentaba muchos años menos de los que se deducían del artículo: sesenta y cuatro. Vestía una prenda de mangas largas color azul, jeans ajustados, sandalias de taco chino con suela de yute. Era delgada, con una voluptuosidad natural. Estaba allí ostentando el desparpajo de quien se ha sentado en el piso muchas veces sin perder el tipo.
El secuestro no tuvo singularidades: la secuestraron, como a todos, de manera salvaje.
Le pregunto con más facilidad por la tortura que por la violación. Porque la escena de la tortura es sagrada: en ella solo hay sufrimiento.
Después, a lo largo de cierto tiempo, nos dedicamos a reconstruir las cosas que pasaron, y las cosas que tuvieron que pasar para que esas cosas pasaran, y las cosas que dejaron de pasar porque pasaron esas cosas. Al terminar, al irme, me pregunto cómo queda ella cuando el ruido de la conversación se acaba. Siempre me respondo lo mismo: «Está con el gato, pronto llegará Hugo». Cada vez que vuelvo a encontrarla no parece desolada sino repleta de determinación: «Voy a hacer esto, y lo voy a hacer contigo». Jamás le pregunto por qué.
El mejor entrenamiento para esa frialdad es estar escuchando los alaridos de la tortura y estar hablando con una sonrisa con Acosta o Astiz o Pernías, como si estuvieras escuchando Las cuatro estaciones, de Vivaldi».
La proyección del vídeo empieza con una banda de sonido que resulta tétrica: los comunicados de la Junta Militar anunciando el golpe: «Se comunica a la población que a partir de la fecha el país se encuentra bajo el control de la Junta Militar». Se escuchan los nombres de los integrantes: Videla, Massera, Agosti. «Se recuerda la vigencia del estado de sitio.» «Se comunica a la población.» Yo era pequeña cuando empezó la dictadura, tenía nueve años, pero los audios me eyectan a ese invierno interminable, a las charlas entre adultos que los niños no podíamos escuchar, a las opresiones cotidianas —no se puede ir al colegio con jeans, ni con las uñas pintadas, ni con el pelo suelto—, a las películas y los libros censurados: la minucia del horror.
Miguel Garrido de Vega escribe en Zenda acerca de ‘Matamonstruos’, una novela de Jon Bilbao publicada por Impedimenta.
Es el wéstern el género definitivo? Para este errabundo escribiente no cabe duda. Sean películas o libros, estamos ante un territorio tan fértil que las posibilidades son…
Origen: Horizonte que conquistar – Zenda
Un libro no tiene ni pies ni cabeza, escribió Hélène Cixous. No hay una puerta de entrada. Se escribe por todas partes, se entra por mil ventanas. Un libro es, al principio, algo redondo. Después se ajusta. En cierto momento se corta la esfera, se aplana, se la transforma en rectángulo o paralelepípedo. Se da al planeta forma de tumba. Se le pone un gabán de madera. Al libro le basta con esperar la resurrección.
Un grupo de adolescentes leen en clase en los años ochenta.ClassicStock
Aparentemente, las nuevas generaciones leen más que nunca, pero cada vez peor. O tal vez es que no leen lo que quieren sus mayores. Informes, estudios, editores, profesores y alumnos ofrecen distintas versiones sobre el abismo generacional definitivo
… durante los años de crueldad del estalinismo, once amigos de Anna Ajmátova iban memorizando los poemas de su desgarrador libro Réquiem a medida que los escribía, para preservarlos de cualquier desgracia que pudiera ocurrirle a la autora. La escritura y la memoria no son adversarias. De hecho, a lo largo de la historia, se han salvado la una a la otra: las letras resguardan el pasado; y la memoria, los libros perseguidos.
Entonces Joyce le dijo a Jung que su hija escribía lo mismo que él, y Jung contestó: ¨Pero allí donde usted nada, ella se ahoga¨. Es la mejor definición que conozco de la distinción entre un artista y…otra cosa, que no voy a llamar de otra manera que así. El arte de la natación. En efecto, el psicoanálisis y la literatura tienen mucho que ver con la natación. El psicoanálisis es en cierto sentido un arte de la natación, un arte de mantener a flote en el mar del lenguaje a gente que está siempre tratando de hundirse. Y un artista es aquel que nunca se sabe si va a poder nadar: ha podido nadar antes, pero no sabe si va a poder nadar la próxima vez que entre al mar.
Vivo solo, no tengo a nadie de quien responsabilizarme o con quien pasar el tiempo. Mi agenda es absolutamente mía. Normalmente, escribo todo el día, pero si quiero vuelvo al estudio al final de la tarde, después de cenar, no tengo que sentarme en el cuarto de estar porque haya alguien que haya pasado el día entero solo. No tengo que sentarme allí y ser entretenido o divertido. Vuelvo para allá y trabajo dos o tres horas más. Si me despierto a las dos de la mañana -esto ocurre raramente, pero a veces ocurre- y algo me ha aparecido, enciendo la luz y escribo en mi dormitorio. Tengo estas pequeñas cosas amarillas por todos lados. Leo hasta la hora que quiero. Si me levanto a las cinco de la mañana y no puedo dormir y quiero trabajar, me voy al estudio. Y trabajo, estoy de guardia. Soy como un médico en urgencias. Yo soy la emergencia.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)