Es un tema tan incierto, tan cambiante, y también por momentos tan aterrador —por la posibilidad apocalíptica de que las máquinas puedan suplantarnos a los humanos en la creatividad del lenguaje, que es nuestra naturaleza más distintiva…
Por eso para mí es tan cómoda la literatura y tan incómoda esta situación de entrevista. Tiene que ver con el control que uno tiene primero con la conciencia del daño que podés hacer cuando no comunicás exactamente lo que querés o cuando comunicás lo que querés y no deberías. Lo segundo es la inestabilidad en que sucede el lenguaje. En el espacio de la literatura yo detengo el mundo y si me toma tres meses entender una oración de siete palabras me toma tres meses. La oralidad, en cambio, no permite esa suspensión del tiempo. En la oralidad el lenguaje te da coletazos por todas partes, todo el tiempo te esta mordiendo la cola. Y piensas: no es exactamente esto lo que quise decir, no lo dije o quería decir esto otro. Es el espacio de la duda, del malentendido.
Estoy convencido de que existe una pluralidad de críticas que no solo es posible, sino también deseable, e incluso casi inevitable. Hablo de una pluralidad de críticas en el sentido fuerte en que h…
Me dedico a escribir porque me parece burdo, en cierta manera, todo lo que se expresa sin ambigüedades. Si encima se trata de mí, me dan ganas de reírme o de ponerme a llorar. Por lo demás, no tengo gran cosa que contar a los entrevistadores; lo poco que he aprendido de la vida y del arte de la narrativa lo intento decir en mi obra.
(…)
En otras palabras, reniego de cualquier conexión esencial entre mi vida y lo que escribo. Me parece un área de interés morbosa e inapropiada, aunque bastante natural; muchos intereses morbosos son naturales. Pero la obra, las palabras sobre la página, se tiene que separar de nuestras presencias vivas; nos sentamos a escribir y nos convertimos en simple pretexto de esas formas que emitimos.
John Urdike
Entrevista con John Urdike (“The Paris Review”. 1953-1983)
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)