La escritora estadounidense, redescubierta en 2015 de manera póstuma gracias al empeño de algunos amigos, ha sido comparada con Chéjov y con Raymond Carver. En el vigésimo aniversario de su muerte, su editora en español y varias autoras analizan el influjo de su obra y su trayectoria, marcada por el nomadismo
Leer es pensar. No es que leemos y luego pensamos, sino que pensamos algo y lo leemos en un libro que parece escrito por nosotros pero que no ha sido escrito por nosotros, sino que alguien en otro …
No gasto mucho tiempo preocupándome por los «géneros literarios». Soy el mismo escritor en poesía, prosa, ensayos, revistas, libros académicos o artículos periodísticos. Escribo cada texto con la misma pasión y compromiso artístico. Si bien es cierto que el arte supremo para mí (y quizá no solo el arte, sino la forma de ser y fuente de conocimiento) es claramente la poesía. Por eso pienso que mi labor literaria es una labor poética. Me es indiferente si esta se expresa en novelas o en libros de poemas. Creo que todos los grandes novelistas de la historia de la literatura fueron poetas: ¿quién no reconoce en Balzac o en Dostoyevski a grandes poetas?
El frío gran almacén que vende no muy caro ropa clasificada claramente por tallas (de punto, de verano, calcetines, en marrones y grises, castaño, azul marino) evoca el universo laborable de los que al alba salen
de casas de una planta y adosadas, Con tiempo justo para la fábrica o la obra. Pero junto a montones de camisas Y pantalones hay Moda de Noche fina y bordada a máquina,
limón, zafiro, verde musgo, rosa; bragas de encaje y nailon que agitan en racimos. Suponer que comparten ese mundo, o que coincide en algo con sus vidas, demuestra
cómo el amor es algo dispar y misterioso, o lo son las mujeres, o sus hábitos, o en nuestros irreales deseos juveniles parecen ser sintéticas y nuevas
Osvaldo Soriano: Podrías contarme algo de tus sueños, porque por lo que sé son recurrentes…
Julio Cortázar: Los sueños son capitales en mi vida. Si hago la cuenta de los que dieron origen a mis cuentos deben ser muchos. Empezando por Casa tomada, que fue una pesadilla vivida y escribí el cuento la misma mañana después de haberla tenido. Hay algunos sueños que puedo recordar nítidamente al despertarme, otros trato de atraparlos y se me van como una nube… Algunos son muy tontos. Por ejemplo, en una época en que yo sufría un problema afectivo, de separación, tenía un osito de felpa que era un símbolo entre nosotros, y lo perdí, se fue con ella, y yo me acordaba de ese juguete con cariño. Una noche soñé con ese osito y alguien me decía que se llamaba Lemío, nombre que jamás yo, ni la mujer en cuestión, le habíamos dado. Cuando me desperté, como ya sé analizar mis juegos de palabras, me di cuenta de que era completamente estúpido, pues se trataba de la canción napolitana “O sole mío”, “Oso-lemío”…
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)