No hay ser por fin que, a partir de cierto nivel elemental de conciencia, no se agote buscando las fórmulas o las actitudes que darían a su existencia la unidad que le falta. Parecer o hacer, el da…
La finalidad de todo artista es detener el movimiento que es la vida, por medios artificiales y mantenerlo fijo de suerte que cien años después, cuando un extraño lo contemple, vuelva a moverse en virtud de qué es la vida. Puesto que el hombre es mortal, la única inmortalidad que le es posible es dejar tras de sí algo que sea inmortal porque siempre se moverá. Esa es la manera que tiene el artista de escribir «Yo estuve aquí» en el muro de la desaparición final e irrevocable que algún día tendrá que sufrir.
Acuérdate Bárbara Llovía sin cesar en Brest aquél día Y marchabas sonriente Dichosa embelesada empapada Bajo la lluvia
Acuérdate Bárbara Llovía sin cesar en Brest Y me crucé contigo en la calle de Siam Sonreías Y yo también sonreía
Acuérdate Bárbara Tú a quién yo no conocía Tú que no me conocías Acuérdate Acuérdate pese a todo aquél día No lo olvides
Un hombre se cobijaba en un portal Y gritó tu nombre Bárbara Y corriste hacia él bajo la lluvia Empapada embelesada dichosa Y te echaste en sus brazos
Acuérdate de eso Bárbara Y no te ofendas si te tuteo Yo tuteo a todos los que amo Aunque los haya visto sólo una vez Tuteo a todos los que se aman Aunque no los conozca
Acuérdate Bárbara No olvides Esa lluvia buena y feliz Sobre tu rostro feliz Sobre esa ciudad feliz Esa lluvia sobre el mar Sobre el arsenal Sobre el banco d’Ouessant
Oh Bárbara Menuda estupidez la guerra Qué has llegado a ser ahora Bajo esta lluvia de hierro De fuego de acero de sangre Y el hombre aquel que te estrechaba entre sus brazos Amorosamente Quizás ha muerto o desaparecido o vive todavía
Oh Bárbara Llueve sin cesar en Brest Como solía llover en otro tiempo Pero no es lo mismo y todo está estropeado Es lluvia desconsolada de duelo espantoso Ni siquiera es ya tormenta De hierro de acero de sangre Simplemente nubes Que revientan como perros Perros que desaparecen En el remanso de Brest Y van a pudrirse lejos Lejos muy lejos de Brest Donde ya no queda nada.
Lo de Rafael Reig es, al menos, una doble vida. Por un lado, este asturiano de Cangas de Onís con orígenes valencianos tomó hace siete años las riendas de la Librería Fuenfría, de Cercedilla, en lo más alto y más luminoso de la Sierra del Guadarrama, cambiando la ciudad por la montaña, y de vuelta […]
Cesare Pavese (1908-1950). Fue un escritor y crítico de régimen fascista italiano. Mujeres apasionadas Al atardecer, las muchachas entran al agua,cuando el extenso mar se desvanece. En el bosquese …
Pienso en los gestos olvidados, en los múltiples ademanes y palabras de los abuelos, poco a poco perdidos, no heredados, caídos uno tras otro del árbol del tiempo. Esta noche encontré una vela sobre una mesa, y por jugar la encendí y anduve con ella en el corredor. El aire del movimiento iba a apagarla, entonces vi levantarse sola mi mano izquierda, ahuecarse, proteger la llama con una pantalla viva que alejaba el aire. Mientras el fuego se enderezaba otra vez alerta, pensé que ese gesto había sido el de todos nosotros (pensé nosotros y pensé bien, o sentí bien) durante miles de años, durante la Edad del Fuego, hasta que nos la cambiaron por la luz eléctrica. Imaginé otros gestos, el de las mujeres alzando el borde de las faldas, el de los hombres buscando el puño de la espada. Como las palabras perdidas de la infancia, escuchadas por última vez a los viejos que se iban muriendo. En mi casa ya nadie dice «la cómoda de alcanfor», ya nadie habla de «las trebes» —las trébedes—. Como las músicas del momento, los valses del año veinte, las polkas que enternecían a los abuelos.
Pienso en esos objetos, esas cajas, esos utensilios que aparecen a veces en graneros, cocinas o escondrijos, y cuyo uso ya nadie es capaz de explicar. Vanidad de creer que comprendemos las obras del tiempo: él entierra sus muertos y guarda las llaves. Sólo en sueños, en la poesía, en el juego —encender una vela, andar con ella por el corredor— nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos…
Son los años 90, el belicoso y dictatorial siglo XX está acabando, nadie imagina lo que se vendrá en el siglo XXI. Pero antes de que todo cambie por completo, y como decía Chesterton, “todo siga igual”; en la Municipalidad de Punta Arenas (Chile), un viejo arquitecto de apellido Moraga, jubilado y viudo […]
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)