La escritora Mercedes Duque Espiau, autora de ‘Animales difíciles’. / EPE
Si algo supe desde el inicio, desde las primeras imágenes que aparecieron en mi cabeza, es que esta historia tenía que tratar sobre la ruptura de una amistad
Un libro, en cualquier caso, es algo brusco: cae, busca herir el acuerdo, desbaratar las definiciones, fundar un lugar donde quepan el bies, el borde, la cojera, el silencio y la infancia antes de la palabra. A eso, sin duda, se refería Clarice Lispector cuando dijo:
Me gustaría que me lean en los renglones vacíos.
O la norteamericana Louise Glück, en estos versos brevísimos:
En una época
solo la certeza me daba
alegría. Imagínense.
La certeza, una cosa muerta.
Ni la frase de Lispector ni los versos de Glück son inofensivos. Son más bien piedras lanzadas contra la estupidez, lo políticamente correcto y la calamidad didáctica.
Faulkner solía decir que, como escritor, apenas disponía de un territorio del tamaño de un sello de correos.
Ese bastión minúsculo alcanza.
Lo que se busca es siempre un carozo de infancia.
Una unidad de medida que marque el advenimiento escueto y absoluto de un sí.
A mí también me gusta pensar que la miniatura tiene algo en común con el poema, como los juguetes, las postales viejas, los caballos de las calesitas. Me gusta pensar que esas formas breves, e indiferentes a las peripecias, permiten moverse rápido entre el incipit y la cadencia final.
No tengo más raíces que la letra, pareciera afirmar el poema.
No insisto más que en lo anónimo.
Los poemas son centros adentro de un centro, micrografías del deseo.
No hay más asunto en ellos que la habitación del abismo, más privilegio que la posibilidad –única— de encontrar nuevos enigmas.
En esa cacería, incansable y fallida, el poema apuesta a lo absoluto, que no es sino la dicha de encarnar una primera persona, cada vez más imbuida de su propia ausencia.
Y esa tarea es incómoda y lúcida, como todo lo que está abocado a persistir en el mundo, para escuchar el silencio, para darlo a escuchar.
Que nada a partir de ahora me haga abandonar mi determinación: no sacrificar nunca el objeto de mi estudio para poner de relieve algún hallazgo verbal que hubiera hecho a propósito de él, ni a la d…
P.: ¿Cuál es para usted el aspecto más difícil de escribir?
R.: La construcción de la historia. Para mí, ésa es la parte más difícil, Cómo construir una historia de tal forma que resulte interesante. Lo más fácil es redactar. Una vez que tengo la trama, la redacción de las descripciones y los diálogos fluye sin ningún problema.
Isaac Bashevis Singer
Entrevista con Isaac Bashevis Singer (“The Paris Review”. 1953-1983)
No te abandonarán. El tiempo pasará, se borrará el deseo -esa flecha de sombra- y los sensuales rostros, bellos e inteligentes, se ocultarán en ti, al fondo de un espejo. Transcurrirán los años. Te cansarás de libros. Descenderás aún más y perderás, también, la poesía. El ruido de ciudad en los cristales acabará por ser tu única música, y las cartas de amor que hayas guardado serán tu última literatura.
Este drama íntimo escrito y muy bien trenzado por Carys Davies avanza en las páginas del libro con la tensión y ternura de un estudio conmovedor y cristalino de unos personajes sacudidos por la historia, y de una…
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"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)