Escribir. Marguerite Duras

Escribir: es lo único que llenaba mi vida y la hechizaba. Lo he hecho. La escritura nunca me ha abandonado.

Mi habitación no es una cama, ni aquí, ni en París, ni en Trouville. Es una ventana determinada, una mesa determinada, ritos de tinta negra, huellas de tinta negra inencontrables, es una silla determinada. Y determinados ritos a los que siempre vuelvo, a donde quiera que vaya, dondequiera que esté, incluso en los lugares donde no escribo, como por ejemplo las habitaciones del hotel, el rito de tener siempre whisky en mi maleta en caso de insomnios o de súbitas desesperaciones. Durante aquel periodo tuve amantes. Rara vez he estado absolutamente sin amantes. Se acostumbraban a la soledad de Neauphle. Y según su encanto a veces esta soledad les permitía que, a su vez, escribieran libros. Raramente daba a leer mis libros a esos amantes. Las mujeres no deben hacer leer a sus amantes los libros que escriben. Cuando terminaba un capítulo, lo escondía. En lo que a mí respecta, es tan verdad que me pregunto qué pasa en otras partes y también cuando se es una mujer y se tiene un marido o un amante. En tal caso, también hay que esconder a los amantes el amor del marido. El mío nunca ha sido sustituido. Lo sé, todos los días de mi vida.

Marguerite Duras
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Sciascia, 100 años de la conciencia italiana

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El Vieco cortaziano LXXXIV

Instrucciones para dar cuerda al reloj

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

Julio Cortázar
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«Yo recordaré por ustedes»: sale el libro que Juan Forn terminó dos días antes de morir

Juan Forn en Mar de las Pampas. El escritor vivía en la playa. Foto de Alejandra López
El autor hizo una obra a partir de artículos donde contaba historias de escritores. “Todos inventamos”, dijo.

Origen: «Yo recordaré por ustedes»: sale el libro que Juan Forn terminó dos días antes de morir

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El esfuerzo de la lectura. Alejandro Dolina

La gente no quiere leer, quiere haber leído. Claro, leer es bueno. Lo que quizás para algunos, no parece tan bueno, es pasarse un mes, todas las noches, desvelado, leyendo Los Miserables. Claro, la gente de hoy es muy ansiosa, quiere una rápida satisfacción y no espera por los placeres, dice: ‘¿Cuánto me falta?, tiene como 400 páginas, voy por la 28, y hace dos meses que lo estoy leyendo’. Y el tipo tiene la sensación de que nunca va a terminar de leer Los Miserables, para poder decirle a sus amistades: ‘He leído Los Miserables’. Creo sospechar, que más que el saber que un libro deja como sedimento, lo que nos hace mejores es el esfuerzo de la lectura. El esfuerzo de la mente y del corazón por apropiarse de lo que el libro puede ofrecer.Ese esfuerzo es el que nos mejora. Algo bueno debe haber en el camino y en el esfuerzo para que la gente lo desee. Y creo que lo que hay de bueno en la lectura es eso. Las horas de desvelo, el debatirse uno para ver si entiende lo que un tipo le ha querido decir en un libro. Y hay que decirlo, el placer enorme de haber aprendido a disfrutar de un libro.

Alejandro Dolina

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Cuaderno de poemas. «Envejecer». Silvina Ocampo

Envejecer también es cruzar un mar de humillaciones cada día;
es mirar a la víctima de lejos, con una perspectiva
que en lugar de disminuir los detalles los agranda.
Envejecer es no poder olvidar lo que se olvida.
Envejecer transforma a una víctima en victimario.


Siempre pensé que las edades son todas crueles,
y que se compensan o tendrían que compensarse
las unas con las otras. ¿De qué me sirvió pensar de este modo?
Espero una revelación. ¿Por qué será que un árbol
embellece envejeciendo? Y un hombre espera redimirse
sólo con los despojos de la juventud.


Nunca pensé que envejecer fuera el más arduo de los ejercicios,
una suerte de acrobacia que es un peligro para el corazón.
Todo disfraz repugna al que lo lleva. La vejez
es un disfraz con aditamentos inútiles.
Si los viejos parecen disfrazados, los niños también.
Esas edades carecen de naturalidad. Nadie acepta
ser viejo porque nadie sabe serlo,
como un árbol o como una piedra preciosa.


Soñaba con ser vieja para tener tiempo para muchas cosas.
No quería ser joven, porque perdía el tiempo en amar solamente.
Ahora pierdo más tiempo que nunca en amar,
porque todo lo que hago lo hago doblemente.
El tiempo transcurrido nos arrincona; nos parece
que lo que quedó atrás tiene más realidad
para reducir el presente a un interesante precipicio.

Silvina Ocampo
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Ventana a YouTube. The Library: un cortometraje sobre las maravillas de la biblioteca

Cuando era niño a Jason Motte, el director de este cortó, le impresionó muy positivamente la biblioteca de su barrio en Houston, Texas, y este sentimiento mágico le inspiró su nueva película “La Biblioteca”.

Origen: The Library: un cortometraje sobre las maravillas de la biblioteca

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«Horas en la biblioteca», un artículo de Virginia Woolf muestra cómo vamos de la vanidad a la comprensión

De la arrogancia de la juventud al gusto por los compañeros de generación: cómo leemos y olvidamos a lo largo de la vida.

Origen: «Horas en la biblioteca», un artículo de Virginia Woolf muestra cómo vamos de la vanidad a la comprensión

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Álbum de Bibliotecas en construcción. CXCVII

Biblioteca de Gladstone. Gales

Biblioteca de Buenas Lecturas, en Santiago de Compostela.
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Dejar que el libro sople su propio viento, Marguerite Duras

ENTREVISTADORA: ¿No tiene la impresión de que, al escribir, usted busca librarse de algo? MARGUERITE DURAS: No creo. Se trata de una pulsión no selectiva, que es mi naturaleza, mi verdadero hogar, …

Origen: Dejar que el libro sople su propio viento, Marguerite Duras – Calle del Orco

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