Escribir es una tarea de tiempo completo. Es meterse dentro de un montón de palabras que van y vienen. Algunas se borran, otras quedan. Escribir es un ensayo del alma en el mundo tangible que se convierte, luego, en un libro que algunos comprarán. Es sentir el intenso color violeta de la muerte. Es danza. Es fuego. Es soledad.Escribir, es ese recurso que utilizamos las personas que necesitamos reafirmar nuestros pensamientos mediante la palabra escrita o leída. Es, el sentido último de mi vida y mi respiración.
Cristóbal Serna, de La Luna Nueva (Jerez de la Frontera, Cádiz), debuta en ‘Las Librerías Recomiendan’ con esta lectura de «Animal de bosque» (Visor) de Joan Margarit
No tomes muy en serio lo que te dice la memoria. A lo mejor no hubo esa tarde. Quizá todo fue autoengaño. La gran pasión sólo existió en tu deseo. Quién te dice que no te está contando ficciones para alargar la prórroga del fin y sugerir que todo esto tuvo al menos algún sentido.
Muñoz Molina, un viaje al pasado pensando en el futuro
Su nueva novela, ‘Volver a dónde’ (Seix Barral) es un viaje en el tiempo hacia un pasado de valores y esfuerzos no prescritos, una vuelta a las raíces personales y colectivas
Para liquidar a los pueblos se empieza por privarlos de la memoria. Destruyen tus libros, tu cultura, tu historia. Y alguien más escribe otros libros, les da otra cultura, inventa otra historia; después de eso, la gente comienza a olvidar lentamente lo que son y lo que fueron. Y el mundo que te rodea se olvida aún más rápido.
El silencio de Rulfo creo que obedece a algo tan cotidiano, que explicarlo es perder el tiempo. Hay varias versiones. Una que explicaba Monterroso es que Rulfo tenía a su tío fulanito, que le conta…
Dos exploradores lograron refugiarse en una cabaña abandonada, después de haber vivido tres angustiosos días extraviados en la nieve. Al cabo de otros tres días, uno de ellos murió. El sobreviviente excavó una fosa en la nieve, a unos cien metros de la cabaña, y sepultó el cadáver. Al día siguiente, sin embargo, al despertar de su primer sueño apacible, lo encontró otra vez dentro de la casa, muerto y petrificado por el hielo, pero sentado como un visitante formal frente a su cama. Lo sepultó de nuevo, tal vez en una tumba más distante, pero al despertar al día siguiente volvió a encontrarlo sentado frente a su cama. Entonces perdió la razón. Por el diario que había llevado hasta entonces se pudo conocer la verdad de su historia. Entre las muchas explicaciones que trataron de darse al enigma, una parecía ser la más verosímil: el sobreviviente se había sentido tan afectado por su soledad que él mismo desenterraba dormido el cadáver que enterraba despierto.
Si me dieran a elegir, yo elegiría esta salud de saber que estamos muy enfermos, esta dicha de andar tan infelices. Si me dieran a elegir, yo elegiría esta inocencia de no ser un inocente, esta pureza en que ando por impuro. Si me dieran a elegir, yo elegiría este amor con que odio, esta esperanza que come panes desesperados. Aquí pasa, señores, me juego la muerte.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)