El escritor Enrique Vila-Matas, en Barcelona .Massimiliano Minocri
El autor publica ‘Canon de cámara oscura’ y sueña con una novela sin tramas, en la que se mezclara sin problemas lo autobiográfico con el ensayo, con el libro de viajes, con el diario, con la ficción pura, con la realidad escrita como tal
Si existe un hecho extraño e inexplicable es que una criatura inteligente y sensible se mantenga sentado siempre sobre la misma opinión, coherente siempre consigo mismo. Ser coherente es una enfermedad.
No olvido la primera biblioteca de mi infancia. Desde muy niña, sabía que en todos los cuentos hay un bosque; al entrar en sus misteriosos caminos, el protagonista siempre tropieza con la magia y acaba encontrando alguna maravilla. Yo también caminaba entre árboles, de la mano de mi padre, en las largas tardes de julio. Solíamos ir los dos juntos a una biblioteca pequeña en el Parque Grande. Era una casita que, por su aspecto y su tejado, a mí me parecía sacada de algún cuento o quizá de un país alpino. Entraba en su interior en penumbra, escogía un tebeo y volvía a salir al luminoso exterior del parque con el tesoro bien abrazado, hasta elegir un banco donde leerlo. Y lo leía a conciencia, desde la primera a la última letra, bebiendo los dibujos y las palabras, mientras la tarde declinaba lentamente y se escuchaba la música metálica de las bicicletas al pasar. Cuando terminaba, devolvía el tebeo que había sido mi botín durante unas horas, salía del bosque y volvía a casa con la imaginación bullendo en la frescura del anochecer.
‘Si me dicen que voy a estar quince años con el libro, no lo hago’, asegura el autor de ‘La península de las casas vacías’, que va por la decimoquinta edición
Tengo mi locura. Vivo en otra dimensión. No tengo tiempo para cosas sin alma.
Charles Bukowski
La escritura es lo que queda en las arenas, húmedas, fulgurantes todavía, después de la retirada del mar. Resto, residuo. Ejercicio primordial de no existencia, de autoextinción.
José Ángel Valente
No se trata de sobrevivir, sino de salvar la belleza de estar vivos.
Siento que los signos, las palabras, insinúan, hacen alusión. Este modo complejo de sentir el lenguaje me induce a creer que el lenguaje no puede expresar la realidad; que solamente podemos hablar de lo obvio. De allí mis deseos de hacer poemas terriblemente exactos a pesar de mi surrealismo innato y de trabajar con elementos de las sombras interiores. Es esto lo que ha caracterizado a mis poemas.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)