Cuaderno de poemas. «¡Todo era amor!». Oliverio Girondo

¡Todo era amor… amor!
No había nada más que amor.
En todas partes se encontraba amor.
No se podía hablar más que de amor.
Amor pasado por agua, a la vainilla,
amor al portador, amor a plazos.
Amor analizable, analizado.
Amor ultramarino.
Amor ecuestre.
Amor de cartón piedra, amor con leche…
lleno de prevenciones, de preventivos;
lleno de cortocircuitos, de cortapisas.
Amor con una gran M, con una M mayúscula,
chorreado de merengue,
cubierto de flores blancas…
Amor espermatozoico, esperantista.
Amor desinfectado, amor untuoso…
Amor con sus accesorios, con sus repuestos;
con sus faltas de puntualidad, de ortografía;
con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.
Amor que incendia el corazón de los orangutanes,
de los bomberos.
Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas,
que arranca los botones de los botines,
que se alimenta de encelo y de ensalada.
Amor impostergable y amor impuesto.
Amor incandescente y amor incauto.
Amor indeformable. Amor desnudo.
Amor amor que es, simplemente, amor.
Amor y amor… ¡y nada más que amor!

Oliverio Girondo
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Ventana a YouTube. So Freely- Tir na nOg (Sonny Condell/Leo O’Kelly) – ‘Supper Club at the Purty Loft’

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Una novela española buenísima sobre las chicas salvajes de los ochenta es ya de lo mejor del año

Detalle de portada de ‘La memoria del alambre’. (Tusquets)

Bárbara Blasco reedita ‘La memoria del alambre’, una obra totalmente ignorada en su día que es ya de lo mejor del año

Origen: Una novela española buenísima sobre las chicas salvajes de los ochenta es ya de lo mejor del año

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Álbum de librerías incompleto 193

Librería La Escalinata. Huelva

Librería de la Galerie Vivienne de París
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«¿Quién mató a James Joyce?», de Patrick Kavanagh

Patrick Kavanagh (1904, Inniskeen, County Monaghan – 1967, Dublín).

Muchos críticos y figuras literarias irlandesas lo consideran el mejor poeta de la nación desde William Butler Yeats.

Origen: «¿Quién mató a James Joyce?», de Patrick Kavanagh | Perfil

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«Hora absurda». Fernando Pessoa

Hora absurda


Tu silencio es una nave con todas las velas llenas…
Blandas, las brisas juegan en las flámulas, tu sonrisa…
Y tu sonrisa en tu silencio es la escalera y las andas
con que me finjo más alto y junto a cualquier paraíso…


Mi corazón es un ánfora que cae y que se quiebra…
Tu silencio lo recoge y quebrado lo arrincona…
Mi idea de ti es un cadáver que el mar trae a la playa…, y mientras tanto
tú eres la tela irreal en la que mi arte yerra el color…


Abre todas las puertas y que el viento barra la idea
que tenemos de que un humo perfuma de ocio los salones…
Mi alma es una caverna colmada por la marea alta,
y mi idea de soñarte una caravana de histriones…


Llueve oro mate, mas no en lo exterior… Es dentro de mí… Soy la Hora,
y la Hora es de asombros y toda ella escombros de ella misma…
En mi atención hay una viuda pobre que nunca llora…
En mi cielo interior nunca hubo una sola estrella..


Hoy el cielo es pesado como la idea de no llegar nunca a un puerto…
La lluvia menuda está vacía… La Hora sabe a haber sido…
¡Y no haber algo como lechos para las naves!…
Absorta en alienarse de sí, tu mirada es una plaga sin sentido…


Todas mis horas están hechas de jaspe negro,
mis ansias todas talladas en un mármol que no existe,
no es alegría ni dolor este dolor con el que me alegro,
y mi bondad inversa no es ni buena ni mala…


Los haces de los lictores se abrieron al borde de los caminos…
Los pendones de las victorias medievales no llegaron ni a las cruzadas…
Pusieron infolios útiles entre las piedras de las barricadas…
Y la hierba creció en las vías férreas con lozanía dañina…


¡Ah, qué vieja es esta hora!… ¡Y todas las naves partieron!
En la playa sólo un cabo muerto y unos restos de vela hablan
de lo Lejano, de las horas del Sur, de donde nuestros sueños sacan
aquella angustia de más soñar que hasta callan para sí…


El palacio está en ruinas… Duele ver en el parque el abandono
de la fuente sin surtidor… Nadie levanta la mirada del camino
y siente saudades de sí ante aquel lugar-otoño…
Este paisaje es un manuscrito con la frase más bella suprimida…


La loca partió todos los candelabros glabros,
ensució de humano el lago con cartas rasgadas, muchas…
Y mi alma es aquella luz que nunca más tendrán los candelabros…
¿Y qué quieren del lago aciago mis ansias, brisas fortuitas?…


¿Por qué me aflijo y me enfermo?… Se acuestan desnudas al claro de luna
todas las ninfas… Vino el sol y habían ya partido…
Tu silencio que me arrulla es la idea de naufragar,
y la idea de que tu voz suene a lira de un Apolo fingido…


Ya no hay colas de pavos todo ojos en los jardines de otrora…
Las propias sombras están más tristes… Aún
hay rastros de ropas de ayas (parece) en el suelo, y aún llora
un como eco de pasos por la alameda que velahí concluida…


Todos los ocasos se fundieron en mi alma…
Las hierbas de todos los prados fueron frescas bajo mis pies fríos…
Secó en tu mirada la idea de creerte calma,
y el ver yo eso en ti es como un puerto sin navíos…


Se irguieron al tiempo todos los remos… Por el oro de los trigales
pasó una saudade de no ser mar… Frente
a mi trono de alienación hay gestos con piedras raras…
Mi alma es una lámpara que se apagó y aún está caliente…


¡Ah, y tu silencio es un perfil de cúspide al sol!
Todas las princesas sintieron el seno oprimido…
De la última ventana del castillo sólo un girasol
se ve, y el soñar que hay otros pone brumas en nuestro sentido…


¡Ser, y no ser ya más!… ¡Oh leones nacidos en la jaula!…
Repicar de campanas hacia más allá, en el Otro Valle… ¿Cerca?…
Arde el colegio y un niño quedó encerrado en el aula…
¿Por qué no ha de ser el Norte el Sur?… ¿Qué es lo que está descubierto?…


Y yo deliro… De repente hago pausa en lo que pienso… Te miro
y tu silencio es una ceguera mía… Te miro y sueño…
Hay cosas rojas y cobrizas en el modo de meditarte,
y tu idea sabe a recuerdo del sabor de un espanto…


¿Para qué no sentir por ti desprecio? ¿Por qué no perderlo?…
Ah, deja que te ignore… Tu silencio es un abanico—
un abanico cerrado, un abanico que abierto sería tan bello, tan bello,
pero más bello es no abrirlo, para que la Hora no peque…


Se helaron todas las manos cruzadas sobre todos los pechos..
Se ajaron más flores de las que había en el jardín…
Mi manera de amarte es una catedral de silencios escogidos,
y mis sueños una escalera sin principio pero con fin…


Alguien va a entrar por la puerta… Se siente sonreír el aire…
Tejedoras viudas gozan las mortajas de vírgenes que tejen…
Ah, tu tedio es una estatua de una mujer que ha de venir,
el perfume que los crisantemos tendrían, si lo tuviesen…


Es preciso destruir el propósito de todos los puentes,
vestir de alienación los paisajes de todas las tierras,

enderezar por fuerza la curva de los horizontes,
y gemir por tener que vivir, como un ruido brusco de sierras…


¡Hay tan poca gente que ame los paisajes que no existen!…
Saber que continuará habiendo el mismo mundo mañana—¡cómo nos entristece!…
Que mi oír tu silencio no sean nubes que contristen
tu sonrisa, ángel exiliado, y tu tedio, aureola negra…


Suave, como tener madre y hermanas, la tarde rica desciende…
No llueve ya, y el vasto cielo es una gran sonrisa imperfecta…
Mi conciencia de tener conciencia de ti es una prez,
y mi saberte sonriendo es una flor mustia en mi pecho…


¡Ah, si fuésemos dos figuras en una lejana vidriera!…
¡Ah, si fuésemos los dos colores de una bandera de gloria!…
Estatua acéfala retirada a un lado, polvorienta pila bautismal,
pendón de vencidos que tuviese escrito en el centro este lema ¡Victoria!


¿Qué es lo que me tortura?… Si hasta tu faz tranquila
sólo me llena de tedios y de opios de ocios temibles…
No sé… Yo soy un loco que extraña su propia alma…


Yo fui amado en efigie en un país más allá de los sueños…

Fernando Pessoa

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Pierre Lemaitre: «Me interesan más las novelas que sus autores»

Pierre Lemaitre. Foto Marta Calvo/ Gentileza Salamandra

El escritor y guionista francés publica ‘Diccionario apasionado de la novela negra’, un ambicioso ensayo sobre este género en el que él es uno de sus reyes indiscutibles. Clarín anticipa el primer capítulo.

Origen: Pierre Lemaitre: «Me interesan más las novelas que sus autores»

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Recopilación de textos fotografiados. «Inventario de lugares propicios al amor». Ángel González

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Antonio Muñoz Molina, la pluma tranquila. Rafael Narbona

La posteridad reconocerá al escritor, que es un humanista, un gran narrador, un hombre ético, como un clásico

Origen: Antonio Muñoz Molina, la pluma tranquila

 

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Joan Margarit. «La silla de ruedas de José Emilio Pacheco»

LA SILLA DE RUEDAS DE JOSÉ EMILIO PACHECO

Camino al lado de la silla
que alguien empuja con torpeza. México.
Al salir del hotel, la rueda encalla.
Joana: ¿has visto cómo me he agachado,
y he abierto los reposapiés
poniéndole las piernas en su sitio?
Toda mi vida junto a ti ha vuelto
y no deseo alzar otra vez la cabeza
porque eres tú, ahora, a quien ayudo.
¿Me has visto maniobrar en el peldaño?
¿Has recordado cuando te empujaba
y tú, confiada, ibas en la silla de ruedas?

Comencé en presente este poema.
Él está con Joana.
Las dos sillas de ruedas, ya vacías,
se hacen compañía
mientras, a los dos lados del Atlántico,
un ventoso presente sin olvido
golpea cada vez menos retórico.

Aguascalientes, con Cristina y José Emilio, 9 de noviembre de 2013.
Sant Just, 16 de febrero de 2014.

Joan Margarit
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