Cuando podía pasear por Buenos Aires, y cada vez que paseo aquí por París, solo, sobre todo de noche, sé muy bien que no soy el mismo que, durante el día, lleva una vida común y corriente. No quier…
Ahora mucha gente considera que la página impresa no es más que tecnología obsoleta desarrollada por los chinos hace dos mil años. Los libros nacieron, es cierto, como estratagema práctica para transmitir o guardar información sin que fueran más románticos en la época de Gutenberg de lo que son los ordenadores en la nuestra. Sucede, sin embargo (y es un accidente imprevisto), que la sensación y la apariencia de un libro, al combinarse con una persona culta en una silla recta, puede crear una condición espiritual de inestimable profundidad y significado. Este tipo de meditación, un accidente, como digo, puede ser el mayor tesoro en el centro de nuestra civilización. […] No pierdas la fe en los libros. Es tan agradable tocarlos, sentir su peso. La dulce reticencia de las páginas cuando las pasas con tus dedos, sensibles. Una gran porción de nuestro cerebro se dedica a decidir si lo que tocamos con las manos es bueno o malo para nosotros. Cualquier cerebro que vale la pena sabe que los libros son buenos para nosotros.
Rechazos de Anagrama, Grijalbo, Planeta, con toda seguridad también de Alfaguara, Mondadori. Un no de Muchnik, Seix Barral, Destino… Todas las editoriales… Todos los lectores… Todos los gerentes de ventas… Bajo el puente, mientras llueve, una oportunidad de oro para verme a mí mismo: como una culebra en el Polo Norte, pero escribiendo. Escribiendo poesía en el país de los imbéciles. Escribiendo con mi hijo en las rodillas. Escribiendo hasta que cae la noche con un estruendo de los mil demonios. Los demonios que han de llevarme al infierno, pero escribiendo.
Ahora mismo, creo que necesitamos escritores que entiendan la diferencia entre producir un bien de mercado y practicar un arte. Desarrollar material escrito que encaje en estrategias comerciales para maximizar los beneficios corporativos e ingresos publicitarios no es del todo lo mismo que publicar libros con responsabilidad o ser un autor.
Un año después de la ruptura de mi primer matrimonio, me mudé a un apartamento en Brooklyn. Fue a comienzos de 1980 y yo estaba trabajando en El libro de la memoria (…) Un día, un par de meses después de mudarme, sonó el teléfono y del otro lado de la línea alguien me preguntó si hablaba con la agencia Pinkerton. Le dije que no, que se había equivocado y colgué el auricular. Seguramente habría olvidado ese incidente, de no ser porque al día siguiente llamó otra persona y me hizo la misma pregunta: “¿Hablo con la agencia Pinkerton?” Otra vez dije que no, le expliqué que se había equivocado de número y colgué. Pero un instante después comencé a preguntarme qué habría ocurrido si hubiera dicho que sí ¡Habría podido hacerme pasar por agente de la Pinkerton? Y en caso afirmativo, ¿hasta donde habría podido llevar el engaño?
La idea del libro surgió de esas llamadas telefónicas, pero pasó más de un año hasta que empecé a escribirlo.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)