Escribimos para tener la ilusión de tener un mínimo de control sobre la realidad. Ficcionalizar la realidad es la ilusión que tienen el mago y el escritor. Pero no es real, porque no tenemos el control de nada.
La escritora María Negroni, en el Hotel NH Atocha, de Madrid,INMA FLORES
La poeta, ensayista y profesora argentina reúne en ‘La idea natural’ apuntes biográficos sobre 49 personajes que desde la Antigüedad hasta el siglo XX han tratado de clasificar y escribir sobre la naturaleza
ace ahora cinco años, cuando releí Crimen y Castigo, de Fiódor Dostoyevski, comprendí al fin el significado de la palabra redención. Encarcelado en su propia habitación, preso…
Las cosas que han dejado una huella indeleble en mí son cosas que vi en las vidas de los que me rodeaban y de las que fui testigo, y en la vida que yo mismo viví. Estas eran vidas en que la gente tenía realmente miedo cuando alguien llamaba a la puerta, de día o de noche, o cuando sonaba el teléfono; no sabían cómo iban a pagar la renta o qué harían si se les estropeaba la heladera (…) alguna gente no puede permitirse llamar al técnico si les va a costar sesenta mangos, igual que no van al médico si no tienen seguro, y los dientes se les pudren porque no tienen dinero para ir al dentista cuando debieran. Esa situación a mí no me parece poco real ni rebuscada. Tampoco parece que, al centrarme en este tipo de gente, haya estado haciendo nada muy distinto de lo que han hecho otros escritores. Chéjov les escribía sobre una “población sumergida” hace cien años. Los escritores de relatos siempre han hecho esto. No todos los relatos de Chéjov tratan de personas que viven en la miseria, pero un número bastante significativo se centra en esa población sumergida de la que hablo. Escribió sobre médicos y hombres de negocios y profesores a veces, pero también le dio voz a gente que no tiene esa capacidad de expresión. Encontró formas de que esa gente expusiera su punto de vista también. Así que cuando yo hablo de personas que no tienen facilidad de palabra, y que están desconcertadas y asustadas, no hago nada radicalmente distinto.
Maggie O’Farrell, en septiembre de 2023.DAVID LEVENSON (GETTY IMAGES)
La autora norirlandesa da pistas de su brillo en su tercera novela, que sin embargo fluye de manera desigual. Lo que hay que celebrar es el salto que ha sido capaz de dar de entonces a hoy.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)