Toda Flannery O’Connor en sus ‘Cuentos completos’: historial del profundo Sur estadounidense

Flannery O’Connor. Foto: Everett / Cordon Press

Sus personajes, siempre al límite de sus fuerzas, caben en una sola mirada que refleja con astucia sus miserias, su desconcierto y su “ruralidad”.

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Álbum de librerías incompleto 255

La librería Margarita de Dios, en Madrid
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Crítica: «La última frase», de Camila Cañeque

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Decálogo del cuento. Julio Ramón Ribeyro

1.— El cuento debe contar una historia. No hay cuento sin historia. El cuento se ha hecho para que el lector a su vez pueda contarlo.

2.— La historia del cuento puede ser real o inventada. Si es real debe parecer inventada y si es inventada real.

3.— El cuento debe ser de preferencia breve, de modo que pueda leerse de un tirón.

4.— La historia contada por el cuento debe entretener, conmover, intrigar o sorprender, si todo ello junto mejor. Si no logra ninguno de estos efectos no existe como cuento.

5.— El estilo del cuento debe ser directo, sencillo, sin ornamentos ni digresiones. Dejemos eso para la poesía o la novela.

6.— El cuento sólo debe mostrar, no enseñar. De otro modo sería una moraleja.

7.— El cuento admite todas las técnicas: diálogo, monólogo, narración pura y simple, epístola, informe, collage de textos ajenos, etc., siempre y cuando la historia no se diluya y pueda el lector reducirla a su expresión oral.

8.— El cuento debe partir de situaciones en las que el o los personajes viven un conflicto que los obliga a tomar una decisión que pone en juego su destino.

9.— En el cuento no deben haber tiempos muertos ni sobrar nada. Cada palabra es absolutamente imprescindible.

10.— El cuento debe conducir necesaria, inexorablemente a un solo desenlace, por sorpresivo que sea. Si el lector no acepta el desenlace es que el cuento ha fallado. La observación de este decálogo, como es de suponer, no garantiza la escritura de un buen cuento. Lo más aconsejable es transgredirlo regularmente, como yo mismo lo he hecho. O aún algo mejor: inventar un nuevo decálogo.

Julio Ramón Ribeyro

(A través de Escritores del boom latinoamericano)

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La columna de Leila Guerriero: «En el invierno»

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Hombres que leen. Rainer Maria Rilke

Estoy sentado, leyendo a un poeta. Hay muchas personas en la sala, pero no se las oye. Están en sus libros. A veces se mueven entre las hojas, como hombres que duermen y se dan vuelta entre dos sueños. ¡Ah! qué bien se está entre hombres que leen.

Rainer Maria Rilke

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Entrevista a Eloy Tizón

Foto: Isabel WAGEMANN

Eloy Tizón: “El malditismo es una carrera, es igual que una oposición” – Librujula

Tizón ha publicado “Plegarias para un pirómano”, cuentos de una narratividad exuberante conectados por la figura de Erizo, a veces protagonista y otras, comparsa; a veces en un oficio y otras, en otro. Erizo a veces pincha y a veces sufre, muta, como mutamos todos.

Origen: Eloy Tizón: “El malditismo es una carrera, es igual que una oposición” – Librujula

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Historias de la Literatura. Emilio Salgari

Luego de varios intentos fallidos, el 25 de abril de 1911, a los 48 años, Emilio Salgari se quitó la vida haciéndose el harakiri.

Antes de suicidarse, escribió tres cartas: una dirigida a sus hijos, otra a sus editores y otra a los periódicos de la ciudad.

La más elocuente de ellas, fue la dirigida a sus editores: «A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semimiseria o aún peor, sólo os pido que, en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma».

En 1889, comienza una serie de desgracias en la vida de Salgari. Tras el fallecimiento de su padre, sobreviene la muerte de dos de sus hijos, todos por suicidio.
Esta situación, sumado a las crecientes deudas económicas, lo llevan a él mismo a intentar suicidarse clavándose un cuchillo en el corazón.

En 1911 muere su esposa lo que lo termina de deprimir. Salgari le había anunciado en una carta: «voy a morir al Valle de San Martino… El cadáver se encontrará en uno de los barrancos que conocen, porque íbamos allí a recoger flores».

Su cuerpo fue encontrado en Turín con el rostro vuelto hacia el cielo y el abdomen abierto según la forma tradicional japonesa del harakiri.

Emilio Salgari

(A través de Historias de la Literatura)

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Anne Sexton: «vive o muere». Rafael Narbona

La vida no es lo inmediato, sino lo que queda después de enterrar nuestro nombre y esperar en vano el gemido de la tierra.

Origen: Anne Sexton: «vive o muere»

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La literatura. C.S. Lewis

La literatura ensancha nuestro ser al permitirnos experiencias que no nos pertenecen. Pueden ser hermosas, terribles, sobrecogedoras, estimulantes, patéticas, cómicas o simplemente atractivas. La literatura da cabida a todas ellas. Quienes hemos sido verdaderos lectores toda la vida no solemos darnos cuenta de la enorme extensión de nuestro ser que le debemos a los autores. Cuando mejor nos percatamos de ello es al hablar con un amigo que no lee. Puede que esté lleno de bondad y sentido común, pero vive en un mundo minúsculo en el que nosotros nos asfixiaríamos. El hombre que se conforma con ser él mismo y, por tanto, con un ser reducido, se halla en una cárcel. Mis ojos no me bastan… Ni siquiera me bastan los ojos de toda la humanidad. Lamento que los animales no puedan escribir libros. Me encantaría aprender cómo son las cosas para un ratón o una abeja, y más aún poder percibir el mundo olfativo de un perro, cargado de información y emoción. Al leer buena literatura me convierto en un millar de hombres y sigo siendo yo mismo. Como el cielo nocturno del poema griego, veo con miles de ojos, pero sigo siendo yo quien ve. Entonces, como en una oración, trasciendo en amor, en acción moral y en conocimiento; y al hacerlo es cuando realmente soy yo mismo.

C.S. Lewis
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