Le conocí a Bolaño justo cuando salía de esa etapa de infinitos domingos en los que se había ido forjando su salvaje ánimo, le conocí al final de ese prodigioso año donde algunas cosas acababan jus…
Señor, serenas son Todas las horas Que derrochamos, si en Malgastarlas, Como en un jarrón, Colocamos flores.
No hay tristezas Ni alegrías tampoco En nuestra vida. Luego déjanos aprender, irreflexivamente sabios, A no vivirla.
Sino a dejarla flotar, Tranquila, serena, Permitiendo que los niños Sean nuestros profesores y que nuestros ojos sean Colmados por la Naturaleza.
A la orilla de la corriente, Al borde de la carretera, Cae erguida- Siempre en el mismo Respiro de luz De estar vivos.
El tiempo pasa, No nos dice nada. Crecemos envejecidos. Déjanos aprender, como si irónicamente, Nos observara partir.
Es inútil mientras Hacemos un gesto. No hay resistencia Al dios cruel Devorador sempiterno De sus hijos.
Permítenos recoger las flores, Permítenos humedecer Éstas nuestras manos En los apacibles riachuelos, De los cuales debemos aprender A ser apacibles como ellos.
Los girasoles siempre Están mirando hacia el sol, Déjanos marchar de la vida Tranquilos, sin abrigar Siquiera el remordimiento De haber vivido.
Las escritoras Ana María Moix y Esther Tusquets, en la casa de Sitges de su compañera y escritora, Ana María Matute, el mes de febrero de 1970.CESAR MALET (ALBUM
Las tres escritoras debutan con obras de imaginarios dispares pero similares encrucijadas tonales, que abren interrogantes pacíficos, calmados y amplios
Antes de escribir una novela, hay un largo camino que no es el de escribirla, pensarla, encontrar las imágenes, sino al revés. Las palabras para esa novela no existen porque eso que se quiere contar, es incontable. La novela empieza a fabricarse cuando se sabe que es imposible.
Sobre las dos mesas del salón del piso soleado de Luis Mateo Díez hay periódicos, telegramas, libros, muchos libros y un reloj de pared dormido a las doce y veinticinco.
El amor nunca muere de muerte natural. Muere porque no sabemos cómo reponer su fuente. Muere de ceguera, errores y traiciones. Muere de enfermedad y de heridas; muere de cansancio, de marchitamiento, de empañamiento.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)