Lectura: «La península de las casas vacías». David Uclés

El escritor David Uclés, autor de ‘La península de las casas vacías’. / JOSÉ LUIS ROCA

David Uclés, escritor: «Es hora de crear un cuerpo público de historiadores, sociólogos, profesores y filósofos que construyan la memoria histórica» | El Periódico de España

El joven autor, que también es músico y pintor, se ha convertido en un pequeño fenómeno literario con su novela ‘La península de las casas vacías’, en la que se atreve a narrar la Guerra Civil desde el realismo mágico

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«Alguna vez, ha venido escondiéndose tal o cual madre o esposa fugitiva anhelando saber la suerte de los suyos. Cuando recorren estas calles y estas casas vacías y en silencio, cuando comprueban espantadas que no queda alma viviente, huyen otra vez aterradas». MANUEL CHAVES NOGALES


He aquí pues la historia de la división total de una familia, de la deshumanización de un pueblo, de la desintegración de un territorio y de una península de casas vacías.


Aquella mañana de julio, Eva iba a anunciar lo que estaba pasando en Madrid, el golpe de Estado que estaba terminando de fraguarse, la brecha que haría que los hunos y los hotros se mataran entre sí. Pero nadie lo escucharía, ni siquiera la familia de Odisto, que para entonces ya estaría bien lejos del pueblo.


Asomó el ataque por la puerta y las primeras leguminosas cayeron sobre la casa de María. El cielo regaló a la familia una lluvia de garbanzos para que al menos recuperaran la cosecha que habían perdido. Tras el gesto celestial, la familia suspir aliviada. No era buena señal que el cielo no lloviera nada una vez finalizado el velatorio. La familia que no recibía simiente de las nubes se consideraba olvidada por Dios y caía en desgracia, esto último más social que divinamente. También había lluvias que avergonzaban a la familia: de reses muertas, sangre mefítica, insectos retorcidos, aves en descomposición o gotas de óxido.



… Sinéad terminó de hornear un pastel de ruibarbo para que lo llevaran consigo sus dos hijos gemelos, rubicundos guerrilleros de la Brigada Irlandesa de más de tres mil hombres que, si morían por Dios, nada temían. Con los tallos más duros hizo dos cruces que les colgó del cuello para que no olvidaran que no iban a una guerra, sino a una cruzada católica de donde, si morían, ascenderían directos al cielo.


Es cierto que hubo algunos milicianos, sobre todo los más mayores, que presenciaron con disgusto lo ocurrido, pues iba en contra de los valores republicanos, y pensaban que con actos así se estaban poniendo a la altura del adversario, a quien, según decían, le temblaba menos la mano para derramar sangre. Pero no dejaron que se atisbara ni un ápice de aquel pensamiento, temerosos ante las posibles represalias, no fueron a ser ellos los siguientes en salir en procesión. «Los unos rapan a nuestras mujeres, las violan y las pasean cagándose por la ciudad; y nosotros sacamos en procesión a un matrimonio casi muerto y toreamos a los terratenientes. ¡Esto no es una guerra de defensa ante un golpe de Estado, esto ya es una guerra civil total!», bisbiseaba a un compañero el miliciano cordobés de mayor edad, Acacio.



La idea de usar a las milicias para preservar los tomos de aquella biblioteca había surgido de una mujer llamada María Moliner, miembro de la Institución Libre de Enseñanza, que desde Valencia movía tantos hilos como podía para que las letras se salvaran. Durante el día, la mujer hacía política con finos lingüísticos y por la noche se paseaba por los campos con un cuaderno: salía a cazar palabras. Decía que era más fácil cuando el resto dormía, que la mayor parte de los vocablos eran tímidos y se hacían desear.


Dos mujeres Dos mujeres en el mismo país. Ibérica. La una es republicana e ingeniera, y trabaja en un liberador de prostitución erigido por Federica Montseny; acude esta mañana a abortar al hospital. Obtendrá un tratamiento moral y de derecho, constituido para defenderla y ayudarla durante el proceso. La otra es franquista. Quiso estudiar, pero no la dejaron. Está inscrita en la Sección Femenina falangista, donde le enseñarán a coser, a tundir mantas y, en definitiva, a ser una esposa fiel y una buena ama de casa. Descienda la calle tapada de arriba abajo con tela negra y acude a misa. Se santigua al ver a una mujer embarazada y no casada.


Agde Txell llora en un lugar apartado del campo la ausencia de su marido y de su hijo. Habían cruzado la frontera los tres de la mano, pero el gobierno francés los separó nada más pisar el territorio galo. Mandaron al marido a un campo lejano. No se volvió a ver más. Semanas después, le quitaron el hijo de los brazos y lo enviaron a México. Tampoco lo volvió a ver más. Txell quedó sola y desamparada. Pasada la guerra, vendrán a por ella y la repatriarán. Se vestirá de luto y cerrará las ventanas de su casa para siempre, donde esperará una muerte temprana.



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Reflexiones. Louise Erdrich

La vida te romperá. Nadie puede protegerte de eso, y estar solo tampoco lo hará, porque la soledad también te romperá con su anhelo. Tienes que amar. Tienes que sentir. Es la razón por la que estás aquí en la tierra. Tienes que arriesgar tu corazón. Estás aquí para ser tragado. Y cuando sucede que estás roto, o traicionado, o dejado, o herido, o cepillos de la muerte demasiado cerca, déjate sentar junto a un manzano y escucha las manzanas cayendo a tu alrededor en montones, desperdiciando su dulzura. Dite a ti mismo que probaste tantos como pudiste.

Louise Erdrich

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Ilusionar al lector. Honoré de Balzac

La primera condición de una novela es interesar. Ahora bien, para eso hay que ilusionar al lector hasta tal punto que pueda creer que lo que uno le cuenta realmente ha sucedido.

Honoré de Balzac
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Manuel Chaves Nogales. La lucidez de la derrota

Ricardo Labra escribe acerca de la ‘Obra esencial’ de Manuel Chaves Nogales, recogida en un volumen de Libros del Asteroide.

Origen: La lucidez de la derrota – Zenda

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Los gérmenes de la literatura. Patricia Highsmith

«Los gérmenes de una idea pueden ser grandes o pequeños, sencillos o complejos, fragmentarios o completos, quietos o móviles. Yo los reconozco por la excitación que siento enseguida cuando aparecen; la misma que produce una sola línea de un poema. Algunas de ellas parecen ser ideas para una trama, pero no lo son porque ni crecen ni se quedan en tu mente. Pero el mundo está lleno de ideas germinales. No es realmente posible estar sin ideas, ya que las ideas pueden encontrarse en todas partes. Sin embargo, hay varias cosas que pueden causar la sensación de estar “vacío de ideas”. Una es la fatiga física y mental; debido a las presiones, algunas personas no son capaces de remediar este problema, a pesar de que conocen la teoría de cómo hacerlo y lo harían si pudieran. La mejor manera, por supuesto, es dejar el trabajo y todo lo que esté relacionado con él y hacer un viaje, aunque sea uno corto y barato, para cambiar de escenario. Si no puedes hacer un viaje, sal a dar un paseo. Algunos escritores jóvenes se presionan demasiado y fuerzan la máquina. Cuando eres joven, esto puede funcionar, hasta cierto punto. Pero siempre llega el momento en el que el subconsciente se rebela, las palabras se niegan a salir, las ideas se niegan a nacer, el cerebro está exigiendo unas vacaciones, puedas permitírtelas o no. Por eso es buena idea para un escritor contar con un trabajo alternativo que le dé algo de dinero, hasta que tenga suficientes libros en su haber como para que le proporcionen un goteo constante de ingresos».

Patricia Highsmith

(A través de el blog de Casa de Letras)

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Bolaño o los escritores de antes, Enrique Vila-Matas

Le conocí a Bolaño justo cuando salía de esa etapa de infinitos domingos en los que se había ido forjando su salvaje ánimo, le conocí al final de ese prodigioso año donde algunas cosas acababan jus…

Origen: Bolaño o los escritores de antes, Enrique Vila-Matas – Calle del Orco

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No es necesario escribir para ser escritor. Manuel Vicent

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Cuaderno de poemas. «Señor, serenas son…». Fernando Pessoa

Señor, serenas son
Todas las horas
Que derrochamos, si en
Malgastarlas,
Como en un jarrón,
Colocamos flores.

No hay tristezas
Ni alegrías tampoco
En nuestra vida.
Luego déjanos aprender,
irreflexivamente sabios,
A no vivirla.

Sino a dejarla flotar,
Tranquila, serena,
Permitiendo que los niños
Sean nuestros profesores
y que nuestros ojos sean
Colmados por la Naturaleza
.

A la orilla de la corriente,
Al borde de la carretera,
Cae erguida-
Siempre en el mismo
Respiro de luz
De estar vivos.

El tiempo pasa,
No nos dice nada.
Crecemos envejecidos.
Déjanos aprender, como si
irónicamente,
Nos observara partir.

Es inútil mientras
Hacemos un gesto.
No hay resistencia
Al dios cruel
Devorador sempiterno
De sus hijos.

Permítenos recoger las flores,
Permítenos humedecer
Éstas nuestras manos
En los apacibles riachuelos,
De los cuales debemos aprender
A ser apacibles como ellos.

Los girasoles siempre
Están mirando hacia el sol,
Déjanos marchar de la vida
Tranquilos, sin abrigar
Siquiera el remordimiento
De haber vivido.

Fernando Pessoa
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Ventana a YouTube. Mark Knopfler. «Brothers In Arms». Berlín 2007

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Andrea Toribio, Paula Ducay y Julia Viejo: tres novelas tranquilas que permiten entrever otros rumbos literarios.

Las escritoras Ana María Moix y Esther Tusquets, en la casa de Sitges de su compañera y escritora, Ana María Matute, el mes de febrero de 1970.CESAR MALET (ALBUM

Las tres escritoras debutan con obras de imaginarios dispares pero similares encrucijadas tonales, que abren interrogantes pacíficos, calmados y amplios

Origen: Andrea Toribio, Paula Ducay y Julia Viejo: tres novelas tranquilas que permiten entrever otros rumbos literarios | Babelia | EL PAÍS

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