En su último libro publicado en España, continuación de ‘Piedra, papel, tijera’, el autor ruso teje un relato entrelazado con varias piezas para seguir retratando la sociedad actual de su país
La juventud es un período interesante en la vida de una persona. Si a las dificultades de la juventud les sumas la ambición de escribir, hay que tener un carácter fuerte para sobrellevar el estrés. Tener cualidades como la perseverancia, la rapidez, poseer un amplio bagaje literario, ser curioso y mirar con atención. Hay que saber tomar distancia de uno mismo, ser capaz de sentir el dolor ajeno, tener una mente crítica, sentido del humor y la irrompible convicción de que el mundo se merece: a) seguir existiendo, y b) más suerte de la que ha tenido hasta ahora.
El escritor Gonzalo Torné, autor de ‘Brujería’. / Manu Mitru
‘Brujería’, su última novela, es un cuerpo celeste más en la constelación de sus libros, de la que los personajes entran y salen, aunque sus historias no tengan continuación
Por el gusto de escribir algo: después de muchos día de silencio escritural me ha asaltado en el baño, mientras me lavaba las manos, antes de irme a acostar, el deseo de estar, a la luz de a lámpara, escribiendo. Deseo de escribir; no de decir algo. Pero deseo, también, de escribir en tanto que escritor: sin que ninguna razón, como no sea el deseo de estar a la luz de la lámpara, escribiendo, haya motivado mi acto. Mecerme en el equilibrio infrecuente y perecedero de la mano que va deslizándose de izquierda a derecha, oyendo los rasguidos de la pluma sobre la hoja del cuaderno, victorioso por haber comprendido por fin que el deseo de escribir es un estado independiente de toda razón y de todo saber, liberado de toda exigencia de estructura, de estilo o de calidad, y lleno del silencioso clamor de las palabras que no son de nadie, que nadie puede acumular ni guardar para sí –la voz del mundo y de cada uno que resuena a través de mí en la noche apacible–. Cada vez que este deseo me viene, trae consigo la validez del universo entero y la de esa partícula sin nombre del universo que soy yo mismo.
Han Kang, en el Hotel de Las Letras de Madrid, el 7 de septiembre.Claudio Álvarez
La escritora, tras el éxito de ‘La vegetariana’, regresa con ‘La clase de griego’, un grito de silencio en el que la voz y el lenguaje luchan contra el aislamiento
Una noche Amalfitano le preguntó, por decir algo mientras el joven buscaba en las estanterías, qué libros le gustaban y qué libro era aquel que en ese momento estaba leyendo. El farmacéutico le con…
La literatura posee un poder inmenso, el de ser capaz de crear algo que antes no existía y que con ella adquiere vida. Sus límites son de orden extrínseco más que intrínseco y dependen del hecho que a menudo el mundo está sordo y no la escucha. La literatura es una gran verdad que se expresa a través de la ficción, pero el mundo la ve como un divertimiento, como algo sin importancia y no le presta excesiva atención. Como he dicho ya, personalmente no experimento ningún tipo de sufrimiento con la literatura en sí misma. La rabia nace después, al comprobar la sordera y la impermeabilidad del mundo, que no acoge al escritor y despierta en él un radical sentimiento de impotencia.
Mi marido mentía acerca de todo. Dinero, reuniones, amantes, el lugar de nacimiento de sus padres, la tienda donde compraba las camisas, la ortografía de su apellido. Mentía cuando no era necesario. Mentía cuando ni siquiera era conveniente. Mentía cuando sabía que sabían que estaba mintiendo. Mentía cuando mentir rompía sus corazones. Mi corazón. El corazón de ella. A veces me pregunto qué pasó con con ella.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)