P.: Cuando trabaja en un poema, ¿tiene la impresión de estar estableciendo correspondencias?
R.: Lo que ocurre es lo siguiente: si un hipnotizador te pide que mires un anillo y consigue hipnotizarte, cada vez que saque el anillo volverás a quedar bajo su influjo. De forma similar, cuando estás escribiendo un poema y vuelves a él al día siguiente, las palabras te hipnotizan inmediatamente y vuelves a situarte en el mismo plano que el día anterior.
P.: ¿Y qué hace posible alcanzar ese estado de hipnosis? El entorno, esta habitación?
R.: No, no es el entorno. El entorno puede ayudar, pero lo que hipnotiza es el propio borrador del poema, que está en uno mismo. Ese es el anillo del hipnotizador.

Robert Graves
Entrevista con Robert Graves (“The Paris Review”. 1953-1983)