Quienes hoy en día siguen creyendo que hay que subordinar la narración a objetivos extraliterarios merecen que se les declare la guerra: guerra total contra una literatura que no confía en sí misma. En el fondo, yo siempre he pensado que quienes se emboscan en el compromiso ideológico lo hacen porque tienen una gran inseguridad en sí mismos y en su literatura y buscan coartadas que desfiguren en lo posible la evidencia de su incapacidad artística.
