Lectura: «Novela natural», Gueorgui Gospodínov

Reseña de Novela natural de Gueorgui Gospodínov – Leer es vivir dos veces

Aire fresco literario, escribir desde los márgenes y brillar con luz propia. Hay autores que caen en tus manos inesperadamente y se quedan. Eso me ha pasado con Gueorgui Gospodínov. Hace tiempo leí…

Origen: Reseña de Novela natural de Gueorgui Gospodínov – Leer es vivir dos veces


Textos

Cada segundo, en este mundo, hay una larga fila de gente que llora. Y otra, más pequeña, de gente que ríe. Hay también una tercera fila que ya ni llora ni ríe. Es la más triste de todas. Es de esta de la que quiero hablar.


Flaubert soñaba con escribir un libro sobre nada, un libro sin ninguna fábula externa, un libro «que se sostuviese a sí mismo con la fuerza interna de su estilo, como la tierra se sostiene en el aire». Proust llegó a realizar, hasta cierto punto, tal ensueño sosteniéndose en la memoria involuntaria. Pero él tampoco pudo evitar caer en la tentación de fabular. La inmodestia de mi deseo consiste en hacer una novela compuesta solo de inicios. Una novela que arranca todo el tiempo, promete algo, llega hasta la página diecisiete y vuelve a empezar.


El embarazo de mi mujer era ya patente. Esta frase inocente cobra otro cariz si les digo que… A ver cómo lo digo… El autor de su embarazo no era yo. El padre era otro, pero ella seguía siendo mi esposa. El embarazo le sentaba bien, dotaba de cierta serenidad a sus movimientos, redondeaba de manera agradable sus hombros afilados.


¿Qué clase de novela obtendríamos si lográsemos hacer que una mosca comenzara a narrar? Que ella dispone de un lenguaje, si bien distinto de nuestro, es algo que no pongo en duda. Puesto que en este caso me interesa la mosca (¿por qué yo no le interesa a la mosca?), debo descubrir el mecanismo de su lenguaje.


Por las mañanas me levanto tarde. Me vi y voy al mercado. Raras veces compro algo. Recorro despacio los puestos, observe todas las frutas y verduras. No presto atención a los vendedores. Solo miro. Medito sobre los colores cálidos y las formas esféricas. Llamo a este ejercicio «vitaminas para los ojos». Ayuda, después de esas largas noches en las que uno no ve otra cosa que palabras. Luego compro un periódico. No importa cuál. El periódico, igual que los cigarrillos, es una excusa para pasar algo más de una hora en una mesa o en un banco. Solo. Sin llamar la atención. leo y escucho las conversaciones de la gente. De lo contrario, se me olvidará hablar; No tengo ganas de hablar, no recuerdo haberlo hecho en los últimos días, pero soy buen oyente. En el café, junto al mercado, los temas de conversación se asignan de antemano según la temporada.


Las palabras tienen un peso distinto. Joder, me revisa este tipo de carencias. Se sabe cuánto pesa un granito de polen, que es como una motita de polvo, pero nadie se lo ha currado con una palabra. Me pregunto si adquiere el peso de la voz que la pronuncia, o de la tinta que la escribe. No he sido capaz de encontrar una historia natural de las palabras. En ninguna parte.


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