La mayoría de los escritores se pasan la vida sometidos a diversas torturas (querer escribir, no poder escribir; querer escribir de manera diferente, no poder escribir de manera diferente; esperar ser reclamados por una idea y que esa idea no surja). Y, sin embargo dentro de esa frustración, es posible encontrar una vida dignificada por el deseo insatisfecho, no dulcificada por la sensación de logro.

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