Se necesita tiempo para ver lo que está allí. Cuando dedico tiempo a algo que me provoca, me interesa, me calma o me irrita a primera vista, cuando en lugar de abandonarlo decido quedarme con ello, ese “algo” empieza a convertirse en parte de mí. Si lo he mirado el tiempo suficiente en el silencio de ese encuentro, he descubierto que veo lo que no había visto antes, que en mi consciente emergen varios aspectos del objeto animado que me desconciertan y, a veces, me llevan a pensamientos que no sabía que podía abrigar. La pátina de “grandeza” y la seducción del “nombre importante” se desvanecen porque el arte se ha convertido en una experiencia íntima, que no puede contenerse en un adjetivo o un nombre propio.

Siri Hustvedt
(Madres, padres y demás).
Descubre más desde Los cuadernos de Vieco
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.