Los libros no son como la gente, que le acosa y le marea, y de la que cuesta trabajo librarse. Si no se les llama, no acuden; puede tomar en sus manos éste o aquel, siempre a su gusto.
Mi biblioteca es mi reino, y aquí procuro reinar como soberano absoluto.
Los libros le dan su opinión, y él responde con la suya propia. Ellos expresan sus ideas y lo mueven a pensar. No le molestan, cuando calla; solo hablan cuando les pregunta. Aquí está su reino y ellos le sirven a su gusto.

Stefan Zweig. Fragmento de El legado de Europa
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