Ahora mucha gente considera que la página impresa no es más que tecnología obsoleta desarrollada por los chinos hace dos mil años. Los libros nacieron, es cierto, como estratagema práctica para transmitir o guardar información sin que fueran más románticos en la época de Gutenberg de lo que son los ordenadores en la nuestra. Sucede, sin embargo (y es un accidente imprevisto), que la sensación y la apariencia de un libro, al combinarse con una persona culta en una silla recta, puede crear una condición espiritual de inestimable profundidad y significado.
Este tipo de meditación, un accidente, como digo, puede ser el mayor tesoro en el centro de nuestra civilización. […]
No pierdas la fe en los libros. Es tan agradable tocarlos, sentir su peso. La dulce reticencia de las páginas cuando las pasas con tus dedos, sensibles. Una gran porción de nuestro cerebro se dedica a decidir si lo que tocamos con las manos es bueno o malo para nosotros. Cualquier cerebro que vale la pena sabe que los libros son buenos para nosotros.

(A través de Revista Ligeia)






