Lectura: ‘A contraluz’. Rachel Cusk

Crítica de ‘A contraluz’ de Rachel Cusk: El mundo concreto

Rachel Cusk narra en A contraluz el viaje a Atenas de una escritora y depositaria de historias de amor y desamor

Origen: Crítica de ‘A contraluz’ de Rachel Cusk: El mundo concreto | Babelia | EL PAÍS


Textos

No sé a ti, me dijo Ryan, pero a mí no me queda tiempo para escribir, entre la familia y las clases. Las clases sobre todo; son las clases lo que te chupa la energía. Y cuando tengo una semana para mí, la paso dando cursos extra, como este, por dinero. Si hay que elegir entre pagar la hipoteca y escribir un cuento que solo verá la luz del día en alguna pequeñísima revista literaria… Sé que para algunas personas es como una necesidad, o eso dicen, pero a muchas otras, creo yo, lo que les gusta es esa vida, les gusta decir que eso es lo que son, escritores. No estoy diciendo que a mí no me guste ser escritor, pero tampoco lo considero mi razón de ser. Para serte totalmente sincero, casi preferiría escribir una novela de misterio. Ir donde está el dinero de verdad…


Su matrimonio, eso lo veía ahora, siempre se había guiado por el principio de progreso a la hora de adquirir viviendas, posesiones o coches, en la búsqueda de un estatus social más alto, de más viajes o de un círculo de amistades más amplio. Incluso la producción de hijos parecía una parada más en ese viaje desquiciado; e, inevitablemente, eso lo entendía ahora, en cuanto ya no hubo más cosas que sumar o que mejorar, más metas que lograr o etapas que superar, el viaje pareció haber llegado a su fin, y su mujer y él se vieron acosados por una inmensa sensación de futilidad y por algún achaque, que, en realidad, no era más que la sensación de quietud después de un movimiento excesivo —como la que sienten los marineros cuando, tras una travesía demasiado larga, ponen pie en tierra firme—, pero que para ellos dos supuso el fin del amor.


—Llevo tiempo preguntándome por qué me siento tan atraído por ti —dijo. Su tono era tan trascendente que no pude reprimir una carcajada. Aquello lo confundió y lo dejó algo perplejo, por lo visto, pero aun así se acercó hacia mí; salió de la sombra al sol, lenta pero inexorablemente, cual criatura prehistórica emergiendo de su cueva. Se agachó, rodeó con torpeza la nevera portátil que yo tenía a mis pies y, de lado, fue a abrazarme pasándome un brazo por los hombros mientras trataba de que su cara tocara la mía. Me llegaba el olor de su aliento y sus pobladas cejas grises me rascaban la piel. El enorme pico que tenía por nariz asomaba imponente a un extremo de mi campo visual, sus manos como garras, con su pelo blanco, me sobaban los hombros; por unos instantes me sentí envuelta en su grisura y su aridez, como si la criatura prehistórica estuviera estrechándome entre sus secas alas de murciélago. Noté que su escamosa boca erraba el blanco y, a ciegas, se desviaba hacia mi mejilla. El trance lo pasé rígidamente inmóvil, con la vista al frente, clavada en el timón, hasta que por fin se apartó y regresó a la sombra.


Me preguntó cuánto tiempo llevaba allí, cómo eran los estudiantes y si ya había estado en Atenas. No estaba muy segura de cómo iría lo de la barrera lingüística: escribir en un idioma que no era el tuyo se le hacía extraño. Ver a la gente obligada a utilizar el inglés casi te hacía sentir culpable, pensar en esa parte de ellos que perdían con la traducción, como quien, expulsado de su hogar, debe llevarse solo lo imprescindible. Sin embargo, en esa imagen, llena como estaba de posibilidades de reinvención, también había cierta pureza que la atraía. Liberarse del desorden, mental y verbal, es, en cierto modo, una idea atractiva; hasta que te acuerdas de que necesitas algo que ya no tienes. Ella, por ejemplo, era incapaz de hacer chistes cuando hablaba en otro idioma: en inglés era una persona bastante graciosa, pero en español, por ejemplo —idioma que había llegado a hablar muy bien—, no lo era en absoluto. Conque no era, imaginaba ella, una cuestión tanto de traducción como de adaptación. La personalidad debía adaptarse a las nuevas circunstancias lingüísticas para crearse de nuevo: esta era una reflexión interesante.

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