“Disculpa el papel indigno en que te escribo…” Fernando Pessoa

31 de julio de 1920

Querida Ibis:

Disculpa el papel indigno en que te escribo; es el único que encontré en la cartera y aquí en el Café Arcada no tienen papel. ¿Verdad que no te importa?

Acabo de recibir tu carta con la postal, que me causó mucha gracia.

Ayer —¿no es verdad?— fue una graciosa coincidencia que yo y mi hermana fuéramos por la Baixa justo al mismo tiempo que tú. Lo que no resultó gracioso fue que desaparecieras a pesar de las señas que te hice. Fui sólo a dejar a mi hermana al hotel Avenida Palace, para que hiciese unas compras y diera un paseo con la madre y la hermana del muchacho belga que está allí. Yo salí casi inmediatamente, y esperaba encontrarte cerca para que habláramos. No quisiste. ¡Tanta prisa tenías por ir a casa de tu hermana!

¡Y, encima, cuando salí del hotel, vi la ventana de casa de tu hermana convertida en un palco (con sillas suplementarias) para el espectáculo de verme pasar! Está claro que, tras ver aquello, seguí mi camino como si allí no hubiese nadie. Cuando quiera ser payaso (para lo cual, por cierto, mi índole natural poco se adapta) me ofreceré directamente al Coliseo. ¡Era justo lo que me faltaba! ¡Tolerar la broma de ser ofrecido en spectacle a la familia!

Si no había manera de estar en la ventana sin la compañía de 148 personas, al menos podías no haber estado. Puesto que no quisiste esperarme o hablarme, podrías haber tenido la mínima cortesía —ya que no podías aparecer sola en la ventana— de no aparecer.

Ahora no puedo ponerme a explicarte estas cosas. Si tu corazón (suponiendo la existencia de ese señor) o tu intuición no te enseñan instintivamente estas cosas, yo, por mi parte, no puedo instituirme como tu profesor en la materia.

Cuando me dices que lo que más deseas es que me case contigo, me apena que al mismo tiempo no me digas que debo casarme con tu hermana, tu cuñado, tu sobrino y no sé cuántas clientas de tu hermana.

Siempre y muy tuyo,

Fernando

P.S.: Esta carta fue escrita olvidando que sueles enseñar mis cartas a todo el mundo. De haberlo tenido presente —créelo—, la habría suavizado un poco. Pero ahora ya es tarde; no importa. Además, nada importa. F.

En Cartas a Ophélia

Fernando Pessoa

(A través de “Isaias Garde”)

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